El punto es que comenten; ustedes saben, queridos: es necesario...

miércoles, 17 de junio de 2009


Quería algo que me hiciera ver mejor las cosas. Pensé en una casa, esas metáforas que no representan peligro para nadie. Una caja donde el hecho de mirar no tuviera que ser esa obstinación de agujas en los ojos. Un otra-cosa, un bel morir… Los que imaginan, todos tienen que hacerlo. Me di cuenta de que era mi obligación cuando no vi poesía en la ciudad —suposiciones para creer que es cierto. No había poesía y mi ciudad no era sino una escusa para volver las paredes más gruesas y, ¡todos lo saben!, infranqueables. Dormimos tras muros de cemento para no saber que afuera Marie cruza la calle, un poco sola, y para estar seguros de que no podrá entrar. Damos cantidades para que nos alejen, nos oculten, nos mantengan en una inmunidad insipiente; si nos sentimos solitarios, que nadie se queje. Estos ruidos comenzaban a inquietarme. No sé todavía a qué me refería entonces cuando quería el cambio, decía crear algo. La semiología no podía ayudarme porque no estaba enfermo. Quería saber por qué las cosas… ¿De quién es el problema? Ninguna manifestación del hombre puede curar el mal del mundo, de eso hay que estar seguros. Y lamentarse es tan fácil como criar musgo en la cara. Yo no sabía qué hacer y aun así sentía que algo no andaba bien, cierto… Omen me disponía con cautela, como los ojos de Gautama a la vejez, la enfermedad y la muerte. La lucidez viene con los años, dicen, y todos corren hacia ella tropezándose, atropellados. Yo permanezco sentado aquí. No creo que vaya a alcanzarla pronto; me hace feliz. Igual, de algún modo va llegando y uno aprende a ver cómo lo es todo. Hay que salir con algo, me repetía, con que poder seguir: una excusa de azúcar, un poco más de delirio, literatura, copitas despicadas… Nunca leí a Proust, pero su bigote ya me decía mucho. A través del arte podría el hombre recuperar el tiempo perdido, ¿qué tal? Y sigue siendo inútil todo esto, interrumpía Wilde, porque quién puede afirmar cuál es el uso del tiempo ya perdido. Mientras discutían, yo sabía que ése era mi material. Si con un cuadro de Turner, una suite, un plantío de brevos el hombre podía regresar y amarrarse al sueño de los buenos y limitados años de ayer, y quedarse… Que no me tapen las manos más la cara: que se haga mi casa de eso con que se levantan suspiros en un salón del Louvre ante un Van Gogh. Sólo así se puede empeñar en seguir con esto. Hay que recordar que ser vulnerable es un privilegio y nunca una tara. Combatirlo sería todo un atropello contra la razón y la ternura.

2 comentarios:

mela dijo...

Me gusta, me gusta,.. lo bueno de lo que escribís es que para entenderlo tengo que leerlo, analizarlo, y releerlo...me gusta este pedazito:"La lucidez viene con los años, dicen, y todos corren hacia ella tropezándose, atropellados."....eso es muy cierto....

—G. Ochoa V... dijo...

Está bonito eso. Podés también leer sin entender. Con tal que podás encontrar algún trocito de belleza, que eso espero.

Gracias!

—G Ochoa