El punto es que comenten; ustedes saben, queridos: es necesario...

lunes, 23 de mayo de 2011

Justificación




"Only unfulfilled love can be romantic."
—Woody Allen

"...ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar."
—Rodríguez


Basado en el hecho de que las manzanas son rojas y el cielo azul, como el poeta de Big Fish, y…, ja, mentiras! Es la forma de presentarme a vos, Lise bonita. Mi justificación: pero primero mi temperatura, como aconseja González: Summertime de Seacrest:(http://www.youtube.com/watch?v=PySJd54Ilx0). Después de leer las frases cortazarianas en tu ventana, me ubiqué en otras noches más felices en la Beatífica, noches donde Julio y vos en American, un jueves de tango y Solís, después de la semana, antes de Bucósqui. Todo era muy distinto; como con Neruda nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, más o menos. Aveces me contristan estas cosas. Pero las tristezas se llevan debajo del bolsillo de la camisa todos los días hasta que, en una ventana, se entretiene tanto el espíritu, perdón ―lo que dicen genéricamente llamar espíritu―, ...leyéndote por esa ventana, cocinándome plácidamente en vos como recuerdo, como posibilidad, como imagen estética del Face…

[Hay momentos en los que me creo enredar, de esas cosas que uno no acaba de convencerse, pero las presiente. Yo, para efectivamente no enredarme, escojo la mejor de las posibilidades que es la omisión, en este caso, por lo menos. Es decir, me pude haber enredado como no me pude haber enredado, cualquiera de las dos antes de enredarme era posible. Actuando en analogía con lo anterior, como puedo y no creer que estoy tomando una cosa por otra, enredándome una y otra y una otra vez, entonces omito lo real y elijo la segunda posibilidad, diciendo:]

Esa noche Lise, ya me había quitado el buzo y la bufanda y la barra la tenía mojada con aguardiente y agua. Todavía no fumaba. Y, mientras Julio, del otro lado, al frente mío, cantaba los Panchos o los Tres Reyes o Edmundo Rivero, yo ponía la copa para pasar las páginas del librito que me regaló Carlitos, el que escribió Rayuela, leyéndote a vos ahí en el sentido de esas líneas: eras un para-sentido almibarizador. Eras como una esperanza, un posible camino esa y esas noches que volviste a recordarme hace cuántos quince días, con Claudia, la otra ondina; bajando por la quesera, sin mirarme, me dijiste pudo haber sido perfecto, Tano, pudo haber sido… Yo asentí y asiento sacándole el dedo a Woody Allen en la película “Whatever Works”. Porque las posibilidades que no han sido no son ya del todo desechables ni muertas, ése es el asunto. Además, en su condición de recuerdo, poetizan a todo aquél que goce de facultad poetizadora que la vida reparte de a poquito. A vos te llegó, como larena, de apuñados, exquisita, derramada. Ah Lise…y cómo me acuerdo…

Y, no, o sí, pero hay que volver a lo serio, a seguir haciendo confetti pal olvido, archivándolo, otro escaloncito a… lo mismo. Nada. Sobre esto no hemos hablado lo suficiente aunque sea de lo único de lo que hablemos, cariño, la vie… ¿Has salido con mejores conclusiones acerca de esto en el tiempo que no sé de vos? Yo, por ejemplo, sigo mordiéndome los dedos, ja. La justificación, ahora sí: te vi, me acordé de…, me acordé y me enredé en…, con citas de Cortázar y Amélie, con una noche en específico. Y, Lise, no me interesa no hablarte. Así no se toquen o sí las manos. De esto se trata todo, hubiéramos podido ahorrar diciéndolo simple así: "qué tal, la escuela, los niños, el clima, los novios, el café, la academia, libros, camas, pelis, tardes, pero no lo dije así, lo siento...


Aur'voir,



—G Ochoa V.
La Beatífica, 22 de mayo del once.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Diario de "Dandismo..."


Un blog es para todo. Si no es para informar, tendrán que entretener y si ninguno de los últimos, quién sabe a qué vicio lo consagrarán. Yo no me abstengo. No soy como algunos compadres que, so pretexto de indigestión, no hablan sino de una cosa y se alertan si oyen hablar de otra, como quien quiere evitar una respuesta. Este es, borroso lector, el diario de Dandismo..., un vuelo al rededor de la figura del dandi en la literatura, De sobremesa de Presunción Silva. El tema, la metodología de trabajo, el talante del narrador, apenas se van gestando. Recientemente terminé la novela con un gustico casi agradable de reconocer en Silva un sentido que jamás le hubiera dado, que manifiesta un tipo decimonónico deleitante y predecible casi. La aristocracia agoniza mientras la burguesía, en condición más vital, por supuesto, se le acerca, la adula mientras
le roba los camafeos y candelabros de la mesa —un muerto no los necesita— y se mofa, luego, de una clase desapareciendo en vivo y en directo; lo último que se pierde es la fachada. ¿En qué posición está el dandy dentro del escenario propuesto?, Silva, como personaje anfibio, dice Gutiérrez Girardot: burgués que critica la burguesía, ¿qué aporta como personaje dandi en esta problemática, en la construcción misma del texto; quién sabe, cabría la pregunta: ¿cómo pudo haber afectado un comportamiento de la vida elegante, como llama Balzac, en su tractatus del mismo nombre al dandi, en el Silva biográfico, reflejándose este efecto, luego, en la obra? Pero eso es materia de otros departamentos.

Paréntesis subjetivizante: no por nada, no piensen así, que levanto la mano, hago la señal de time-out y ya, a vegetar, ¡no! Es una lucha. Escoja a alguien, póngale a contar una historia que se sepa, antes de llegar al final del relato, ¿cuántas veces habrá dicho yo, o me acuerdo, o a mí? ¿Cuántas? Uno siempre habla d'uno. Constantemente el sujeto está inmiscuido con el objeto, percibido por sentidos o razón. Un artículo de carácter científico, supuestamente, tendría que hacer la diferencia tajante entre lo que es objeto y lo que es sujeto, asegurándose el autor de eliminar la última categoría categóricamente en la producción escrita, valga la redundancia. Esto, en teoría, si el sujeto tuviera la capacidad, y la voluntad, de autocastrarse en sus enunciados. Pero, como saben Saavedra, Faulkner, Rulfo, el narrador es una coordenada de la obra que, si bien puede ser mero instrumento, las más de las veces es tan complejo como sus personajes. Quien cuenta se puede también expresar, nos dijo, en el Quijote, Cervantes, casi cagao de la risa. A la mayoría de las gentes se les olvida que el narrador, al igual que los personajes, son construcciones intencionales de un autor, o sea, él ponderó, entre varias estrategias, una y ésa fue que su voz contara su libro, literalmente. Trasladarse de personaje biográfico a personaje ficcionalizado, a una función narrativa que juzgue y critique y se ría y se sorprenda y sienta lástima y dolor por sus criaturas narradas. El narrador es la otra forma de "poder ser" objetivos. Cierro paréntesis.



Journal entry:
May eighteenth o'eleven.

Although this is supposed to be the diary left apart for ten days now, the hebdomarium you could call it, I'm still writing about everyday life here. It is paper afterall and the pen I hold makes sure the job is getting done. There is always some element of surprise in things writers say. Writers meaning superior spirts, not exclusively enlightened, but wise and beautifully coherent, nothing more. Dandyism in De sobremesa, a problematic translation, by the nineteen century poet who sang about Paris and saw the light of existence at the Andes, more precisely: Bogotá: José Presunción Silva.

What is dandyism? I'll trace this concept along Balzac's words in his tractatus about elegant life. To chose one line, to explain it, to elaborate it in relation to the novel referred. The arguments found at the Prologue by the catalan writer Salvador Cotas should suffice. Eventhough this entry in my wishlist article seems prerogative: I'd love, if the distracted one who reads me is attentive, to ask you for the text Gutiérrez Girardot made about Silva's dandyism, it would mean so much to me


After registered the info. the latter contains, it will itself develope the thesis I'm configuring out of the initial question:

How does the phenomenon of dandyism manifests itself in De Sobremesa, more precisely in its protagonist, alter ego to his author, Fernández-Silva. To what extent is the frivolity dandyism represents the reaction to something else, symptoms of epoch, perhaps? The thesis starts to build its own body as the question deepens with our investigation and reflexion. It's a matter of patience and curiosity, I've come to believe.

viernes, 13 de mayo de 2011

Dibujando: Lola Guterre

Una noche, cuando Malvá Daluz, vine a la casa: estaba más vacía que cuando no había nadie. Como si yo estorbara adentro. Me tiré a la cama. Dormir, porque a qué o sobre qué meditar cuando, antes de…, uno sabe que el saldo está en contra. Me acuerdo mucho, pensando en esa noche, de los gringos y su color azul. No había voces de consuelo en el aire, como si esa noche las ánimas me hubieran desertado. Ah noches que, como ésta, siéntese el espíritu más alejado de todos que cuando no está. Uno está tirao. Y la dueña de los cuerpos del cuerpo de esta tarde duerme a menos de cien metros de mi cama. Se llama Lola Guterre. En Medellín se sube a otros buses y en la Beatífica prende siempre el fogón equivocado. Luego siente remordimiento, me dijo, que con la plantilla de instrucciones al frente y todo, ni así soy capaz, psst… El olvido. Un embolatado, perdido.Pistiandad: condición de ser pistiano, de Spistá, despistado…

Sobre Lola Guterre, prima de Maira Guterre, mujer de Sancho Panza, pudo decir don Quijote en uno de los volúmenes apócrifos, no reconocidos por la RAE, enamorado della perdidamente al regresar de…, derrotado.Tal parece que al llegar a tierras manchegas, a la casa de Sancho, visitábales la prima de su esposa quien a los ojos de don Quijote se le representaba como la misma imagen que había inventado de Dulcinea del Toboso, tan distante de la verdadera y simple campesina Aldonza Lorenzo. Don Quijote no descendió de Rocinante cuando ya decía:

―Dulcinea ―sosteniendo la mano de la Guterre―, cautivo me han dejado las vuestras manos, sendos brazos, dedos, y demás partes del cuerpo, mujer blanquísima, como una legua de nubes, de muselina blanca, de confites de menta; ninfa del norde frío, fábula de las gente, Dulcinea ―y permaneció arrodillado en silencio.

Todo esto, viéndolo Sancho, inquietóle mucho pero, al ver que la prima de su mujer no se curaba de la locura del hidalgo sino que parecían entretenerla los disparates de don Quijote, no hizo nada. Callaba y quedábase la Guterre, con la mano en su mano, ya varias veces besada, atenta a sus palabras.

―Locura es no entender ―dijo don Quijote― el resto al uno, el uno a todos, todo como todos, tal cual son, nunca… Qué loco quien conozca la belleza: es inocente, cree en el primer jardín.

Correspondencia: la nostalgia


Hombre Elkin, compadre poeta,

Me encontré esto que había dejado a un lado, le cerré la ventana y ya. La intención era enviarlo, sólo que, ahora recuerdo, se me había escapado en los hoyos ocasionales en que la memoria mete el pie —que es decir la pata, se le olvida! ¿Cómo va el Norde? Y bueno, te subordino en esta lectura a otro texto de otro día de otro Tano, seguramente.

Buono vento!


Sin título número XI

La Beatífica Flor, Colombia:
13 mayo, 201-

Le oí esta semana a Philippe Noiret, en Nouvo Cinema Paradiso, de Tornatore, despidiéndose en italiano de Toto, el protagonista, quien se iba del pueblito mediterráneo a la capital, Roma, cuando le decía, abrazándolo, “no puedes sentir nostalgia”. Si, entre sus planes, estaba vivir la vida a la manera de Silva, sintiéndolo todo, era su deber irse del pueblo, no regresar, nunca llamar y, por si algo, si regresas a mi casa ―le dijo a Toto Alfredo―, no serás bien recibido. Toto, efectivamente, nunca volvió a asomarse a su primer jardín, la Parroquia, hasta que Alfredo murió. La nostalgia… Por ahí hay un textico que podríamos repasar para llegar a alguna conclusión en cuanto a la nostalgia, ah no: a la melancolía, posible hermana o hermanastra:Anatomy of Melancholy de Robert Burton.

Lo que más me sorprende es que lo veo, en una primera mirada, como un caso de nostalgia inversa en la exacta medida en que el objeto de lo nostálgico sea la unidad: la casa, el primer amor no del Dante ―que para Borges es el inferno―, sino el de Don Quijote. La nostalgia tiende, en mi caso que debe de ser el de muchos, al mundo infantil que todavía se recrea y añora. Lo perfecto, lo bucólico, antaño… Entonces se extrañan las ceras del barrio donde, escondidos, empezamos a libar los gusticos de la vida. Nostalgia inversa porque, digo, ésta es mi casa: las montañas verde Bilbao, arquitectura collage vómito, distinguiéndose en la masa vetas de colonialismo, modernismo y abstención. Tierra de la leche y miel, ésta es mi casa, la Beatífica Flor, Santa Osa de Rosos, que habito, que vivo los fines de semana, etílico, concentrado en Bucósqui, el bar de las moscas. Y si el tren de la vida discurre estacionado en la casa ―no horizontal sino verticalmente―, ¿por qué nostalgia?, ¿qué pregunta no te contestó tu madre?, ¿no bastó la confesión o la ablución o la penitencia?, ¿o la unidad se te diversificó y reclamás casa más allá de la cuna donde se te abrieron los ojos? Nostalgia, saudade…

Yo no sé, qué pecado Y… los asuntos literarios, ¿cómo van? Además de escribir, ¿qué andás haciendo? ¿Dalí? ¿Alguna gaceta? ¿Tu hija? ¿La literatura estando vivo en Boston? Hace mucho que no hablamos y ejercitase en la correspondencia es provechoso al espíritu y a la memoria, entre otros. Y vuelve uno a tirarse por el tobogán que los griegos dijeron llamar catarsis y cierra la ventana del mail y abre los libros que, también en condición de ventanas, dan a la vista, al oído, al olfato y así...

—G Ochoa V.

domingo, 8 de mayo de 2011

Wishlist, oj-alá...

Como sé que de nada sirve decirlo, igual lo digo. Peor sería escoger el silencio, dejando la posibilidad abierta a... uno nunca sabe. Por eso, y porque no tengo nada mejor que hacer, subo mi wishlist, y dios proveerá, oj-alá, algún distraído se aplique en cumplirla. Pues, así, señor o señora distraído-da —spistiano-na—, tengo muchísimos deseos y, póngole unos de ellos, con la esperanza de verles realizados, à votre guise. The anatomy of melancholy, que vi reseñada en un texto sobre la estupidez. Poético desde el rótulo. Robert Burton... Eso primero.

Segundo:... Un camafeo con la imagen de Miles Davis grabada y en óleo color piel negra. Si con esto les ofrecen Kind of blue, 180g Vynil, de Columbia, la experiencia podría estar completa. Métale, entonces, una botellita de Malbec Catena que, sin más especificidades, la noche será motivo de recuerdo. Un último deseo: My blueberry nights y que llueva y que haya cigarros y entendamos un poquito mejor a Kar Wai y Jones.

sábado, 30 de abril de 2011

Aquí, Bucósqui, Beatífica fría de noche, declaro, a los que quieran o no escuchar, que si uno vive en la ignorancia de uno mismo, cómo hace, entonces, el hombre promedio, para mostrar algo que le valga la pena a otro. Lanzo la pregunta...

miércoles, 9 de febrero de 2011

Yo me acuerdo, en las tierras frías...

Bref. Sí, vos. Vos, sí. La única que, a veces, me ha leído. A mí, que nada tiene que decir y que no ha dicho nada. Dudamos si lo dirá. A vos, chocolate en la boca. Me acuerdo mucho cuando, en las noches altas de las tierras frías, íbamos a tu casa o nos encontrábamos cuando nos buscábamos. En una esquina cerca de mi casa, lejos de la tuya. Lo hiciste ex profeso, como dicen los viejos, porque lo que buscabas era eso, caminar un rato conmigo; yo no me oponía cuando, volteando, salías primero, mostrándome a dónde ir. No conocía tu pieza. Pero seguí el denim que te apretaba las caderas. La invitación, no lo negués, no pudo ser mejor. Todavía besando los besos que me habías dado, devolviendo el camino a la casa, decía, hablando solo, con palmaditas de felicitación, que los besos eran los movimientos más rico que conocía, y el chocolate que te vi en los labios me puso a cavilar, sacudiendo sonriente la cabeza a veces.

Alter-Sciptum. Yo sé que es breve. Por eso lo dije comenzando. Pues, tampoco es todo, es un pedazo de más cosas que voy recordando y te las digo, igual te lo debo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

No me digas con quién andas...


No me sale nada. Cómo va a salir, lo que sea, de un recipiente vacío, si la gente cómoda, como los jugos quietos, se asienta y se daña por dentro. Anteriormente solía tener algo que decir e incluso simpatizaba con los taxistas. Es natural tener palabras para contar lo que uno ha visto y que guarda en la memoria. Pero póngale a un caballo a contar lo que hay en el camino de la carreta. No vio sino las líneas que lo separaban de los carros. Si los días lo cogen a uno siempre en la misma silla, del salón o de la casa, qué más vas a tener para decir sino que es pluriamarilla y fría por la mañana y te quedas corto. Ya usaste todos los sinónimos y no has dicho nada que valga la pena. Es el peligro que se corre al estar bien. Como cuando hacía calor en el bus, íbamos a la Beatífica y Lola no quiso abrir la ventana porque, sí tenía calor, pero afuera estaba lloviendo y no se podía mojar.

―¿Por qué?, le pregunté yo, un poco perdido en la situación de las miradas calladas, del caminar hacia el bus antes o después de ella, pero nunca al mismo paso, de no entender su cara cuando me hablaba y cuando no.

Dijo que desde pequeña a ella no le gustaba mojarse cuando estaba vestida, o que le habían ordenado qué era lo que a ella le tenía que gustar y no objetó porque era conveniente y así estaba bien. Sentía el estupor, como lo definen, primero porque quería agradarle a Lola sentada a mi lado, con su cara que me era conocida y me gustaba más mientras más cultural fuera el gusto. Nos habíamos besado y sus labios, un poco cómodos también, supieron dialogar modestamente con los míos. Tampoco entendía por qué no quería mojarse el brazo derecho, que estaba desnudo, si hacía calor adentro y a mí me era especialmente grato sentir el agua donde fuera y como.

Le comenté que en una hojita tenía anotadas siete líneas de un poema donde el autor parecía estar seguro de que la vida, como nos es dado vivirla, no le gustaba, pero sí le gustaba sentirla. Como quien dice que si el daño ya está hecho por qué no redimirlo consumiéndose en él, en todo lo que hay en él, escudriñando hasta que las uñas echen sangre y los dientes. Me sonrió diciendo, como quien dice…, “qué cosas”, con su cabeza levógira mirando las montañas que la tenían mareada.

Tenía sueño, me aburría y me cansaba la máscara, además inútil, que me puse, con ayuda de ella, en la cara. Pero no podía aburrirme. Algunos días atrás había inaugurado mis discusiones entre quién sabe quiénes adentro ―identificar quiénes son ha sido en los últimos días mi tarea― y me acusaba, también asustado, porque no anoté en mi teléfono tantos números de mujeres este año. Las canas de mi tío me alarmaron como su cabeza casi calva, los dedos de mis amigos. Me supe desactualizado. No abrí mucho los ojos y vi una noche a Lola sentada en la esquina izquierda y luego en la derecha del bar donde… Tenía una línea hermosa bajo los párpados. No hablaba mucho, por el primer encuentro, pensé muy concentrado en ella sin tocarla todavía. Y le escribí y la llamé y la senté a mi lado un miércoles de noche y tomamos agua de flor de Jamaica y fresas. Si me asustaba quedarme solo, había encontrado un bastón dulce y blando para parármele al tiempo y hablarle durito. Me prohibía abandonarla, no podía dejarla quieta sin antes solucionarnos parte de la vida.

No entendí nada cuando nos sentamos en el bus y ella no estuvo de acuerdo con que los tiquetes no vinieran numerados. Había proyectado un viaje que hubiera salido mejor si las sillas fueran separadas, en buses con destinos y horarios diferentes. ¿Por qué no aceptaba que llegamos a tiempo y encontramos, con suerte, el contacto de las manos y, ojalá, de las bocas? ¿Por qué no pueden evaporársele o deslizársele unas goticas en el brazo? Porque nos enseñaron con cartillitas morales y escapularios que hay que estar bien cueste lo que cueste, que es el don supremo e innegociable, que matamos para estar bien. Si algún día me reprocho, cúlpese a este apego a vivir bien, cómodamente, asentado y tranquilo, miope y estático hasta el musgo, ortodoxo oxidado.

Son incapaces de diferenciar la naturaleza de un argumento del brillo de una preferencia colectiva...

Abrió la boca para decir algo. Todos se le habían ido encima. Porque dijo que el título de un texto cualquiera en el mar ancho de los textos podía ser mejor. Hasta lo tacharon de traicionero de la lengua, incompetente que no ha pensado nada y ellos, vividos, comunes, ya lo sabían todo. "Mero show", pensaba sentado en el auditorio a la hora del almuerzo. Había ido con Sombreros, compañera de Hermenéutica, y no conocía a nadie. Al frente alguien había leído un texto casi hermoso y a Tano el título no le había parecido. La historia de un hombre perdido en la Guajira que buscaba una mujer para casarse ―así tocara pagarla―, tenía que ser El comprador de mujeres, a secas, y digo que es descaro. Yo he conocido horas oscuras a causa de las mujeres. Yo casi conozco a Albeiro, personaje indigno de su nombre, y llamarlo comprador de mujeres es eso, un descaro.

En el salón no había veinte personas, todos se reconocían y su interlocutor hablaba con cada uno de ellos en íntima segunda persona. Su fuerte eran los chistes. Por fuerte, mediocre. Tano había levantado la mano y conseguido la voz del foro. Preguntó al del frente y al autor del texto invitado si, por casualidad, no se les ocurrió a ellos, como a él, que una entidad biográfica como Albeiro, bajo el título propuesto, tendría que pasar por proxeneta o chulo, ¡sí!, así se riera el señor plateado de la derecha que hablaba bien e iteraba. O el motivo de la tremenda acción que había llevado a Albero a la Guajira merecía un trato tan falto de la pietá neorrealista. Explicó, adepto a la lógica del uno más uno es dos, que la semántica, fuente de información para los indecisos y los inspirados, dice: a los hombres de hoy el semantema comprar junto a mujer les connota tráfico sexual. Elías, el multinterlocutor, sonó una voz confiada que ya todos conocían:

―Evidentemente estás forzando los términos ―dijo, y confirmó mirando a los demás, como diciendo que el tema se había acabado, riéndose sin chiste. Tano no pidió permiso esta vez y, como había aprendido, interrumpió admitiendo primero, luego atacando.

―Un personaje como Albero... sí, suena mucho mejor así: Albero es el encuentro afortunado de circunstancias que lo hacen esencialmente riquísimo. El título sugiere que lo importante es que compra mujeres y, como lo han dicho otros, no es mujeres lo que compra, es una sola, una ―por supuesto que Tano sabía que eliminando el plural, el título se derrumbaría: El comprador de una mujer, eso no vende ni agua en Atacama. Al ver como los interlocutores ya no defendían una idea, en el sentido sistemático de los conceptos, sino una preferencia, Tano pensó que no era necesario molestar a nadie que gastara su mediodía comentando literatura… Ellos nunca han defendido la razón, válgales Dios. Les basta la poesía.

Resumen de noticias

My friend,

Haciendo uso de una expresión apta para los comienzos, nos debíamos hablar un poco porque estamos lejos, cada uno cultivando lo que le gusta —lo que conoce— y si nos quedamos quietos el uno en cuanto al otro, seguimos posponiendo la habladita, persiguiéndola sin alcanzarla en el tiempo. Procrastinando, una palabra tuya sin lugar a duda alguna. Quería hablar con vos y yo no sé hablar muy bien pero sí sé y adoro escribir: así también se aprieta el lazo que es el que une a la gente, como pa volvenos a querer. Resumen de noticias:

Con lo de cumplir años, y que el pelo se cae de la cabeza, por fin caigo en cuenta de lo que decías; estaba en el bar y sonaba Timing de Johansen. Se me vino una imagen que casi me dio risa, los muñequitos de Haring: uno amarillo sacaba las manos tratando de coger una caja que, por las líneas intencionales, sabía uno que iba con alguna velocidad. El muñeco se contorsionaba en posición de trote, sin correr todavía. El trasfondo del cuadro, con algunas asociaciones entre objetos figurativos o no, daba la impresión de ser el tiempo: un hombre tras el objeto de su deseo, sin lograr alcanzarlo, no muy preocupado sin embargo: no lo buscaba esforzándose en lo más mínimo, en el tiempo que le era dado vivir. Procrastinaba. Como la imagen me pareció patética y yo la reconocía, empecé a recordarme, en un pedazo cualquiera de papel, los acontecimientos que desearía buscar, para que acontezcan.

He pensado mucho en ustedes, en lo que andan haciendo, pero más en vos. Si bien es cierto que cada uno cree su punto de vista el único válido, he podido liberarme de esto y ver que estás realizando, con disciplina y un montón de queridura, el proyecto de un a vida digna. Y vas muy bien. Yo, que todavía no hago click del todo y que, como te contaré más tarde, estoy estacionado en un paradero oscuro, he tomado conciencia de la validez y mérito de tu modelo y me alegro y lo apruebo y lo admiro. Esa es la causa por la que hoy entiendo lo que me decías en el Portal de la capilla escuchando la canción de Johansen.

Y me ha caído perfecta con otra categoría de pensamiento casi relacionable con No-Procrastinating, algo que llaman automatismo y actualización. Lo vi en Thoreau, un gringo del XIX maravilloso, amigo íntimo de Emerson. Lo vi también en los rusos y su manera de abordar la literatura. El hombre, ya acostumbrado en su experiencia, en todas las actividades que realiza, automático en el discurrir de su vida, se pierde la verdadera esencia de todas las cosas porque no las mira, nunca las miró una primera vez sino que se apresuraba a llegar donde debía, sin más. La costumbre le dio el golpe final. Luego dicen que ven las cosas todos los santos días, lo que es falso según lo dicho. Lo que hay que hacer para evitar esto —ya lo supo la literatura— es actualizar el fenómeno que se percibe, desautomatizarlo, abrir los ojos a él. La vida, hecha de patrones, cíclica también, lo va volviendo a uno ciego a muchos acontecimientos que le parecían sin importancia; sólo es un parecer equivocado que el hombre acostumbrado mantiene por conveniencia con los principios de ser automático. Escribo para actualizar mi cariño hacia vos.

Con Emerson, un hombre grande, he estado últimamente, esporádicamente, buscando algo que me sirva de apoyo para fundamentarme porque, en inglés, going astray, aunque a veces me satisface, ya me convence de que puede ser peligroso luego. Todo por estar bien con la vida. Aunque uno no se da cuenta del todo, no se lamenta al despertar, yo sé que en algún momento me tuve que haber hundido sin darme cuenta, como le pasó a Hawthorne, otro gringo oscuro y genial que escribió The scarlet letter y murió en New Hampshire en una casa que visité durante un summer field-trip: “Me he recluido sin el menor propósito de hacerlo, sin la menor sospecha de que eso iba a ocurrir, Me he convertido en un prisionero, me he encerrado en un calabozo y ahora no encuentro la llave; y aunque estuviera abierta la puerta, casi me daría miedo salir”, le escribía a Longfellow, un amigo escritor. Yo me volví casi triste y muy inconstante, incapaz de ninguna actividad productiva, pocas creativas. Yo sé que pasó porque lo puedo identificar. La fortuna de saberlo es que ya es objeto de transformación, y ahí los fundamentos, y ahí esta carta. Como going astray necesita ser actualizado, en este caso reemplazado, me inclino a una decisión madura a la Lingüística, la otra cara de lo que estudio. De esto tenemos que seguir hablando.

Aquí ya es casi hora de irme para el bar. Ha sido un placer casi dialogar con vos porque estaba hablando conmigo mismo. Así te cuento cómo va la vida mía en latitudes sur, porque sólo a través del conocimiento, qué sé del otro, es que se le puede querer porque, ¿cómo se va a querer algo de los que nada se sabe? Espero saber de vos. También espero que las nenas vayan creciendo con alegría, que con vos al lao es seguro, y que la vida para ellas esté siendo y les sea grata. Te queremos mucho acá.

—Gustavo Ochoa