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domingo, 15 de noviembre de 2009

Dando vueltas a un tema: La censura (Siempre incompleto)

La censura es una institución que siempre ha estado ligada al devenir de la literatura. ¿Por qué? ¿Cómo? Mientras haya alguien que quiera decir algo, habrá siempre alguien más al otro lado que, por alguna razón, no querrá oírlo. Ni querrá que otros lo oigan. Y si está en el poder, no permitirá ni siquiera que lo diga. ¿Qué dijo el que quiere decir algo? ¿Por qué al otro lado no quieren oírlo? Antes de empezar la indagación, no me lo había preguntado, y me inflamaba el hecho de saber a García Lorca fusilado —asesinado. Todavía lo hace. Al retirar unos cuantos velos turbadores, fruto de la investigación, puedo entender mejor el asunto. Escribir ha enviado a miles al exilio. A la muerte. Escribir es una actividad que ofende, dice Coetzee. Y en esta ofensa radica la indignación del otro, el repudio y, en última instancia, si la ofensa es recibida en altas esferas, la censura oficial.

La censura, muéstrese como sea, tiene como antecedente tanto la ofensa como la intolerancia a esa ofensa. Digamos que en Colombia no censuran tanto como matan. Se ahorran llegar hasta allá, es un decir. Partimos del hecho de ser heterogéneos. Colombia, unión abstracta de diez mil diferencias. Sin embargo, cuando alguien se atreve —porque es un acto de valentía— a decir lo que no habían dicho por novedoso, por ignorancia, por peligroso, por lo que sea, se levantan contra él en reprimenda, si no en metralla. Y no creo que sea una inclinación natural a la violencia. Insisto en negarme a esto. Creo, no obstante, que hay una aversión hacia lo diferente —así no sea subversivo— y de esto también se alimenta el censor. Estas actitudes, que no es mi trabajo juzgarlas, son constantes que me interesan y justifican ellas mismas mi elección del tema.

Aficionados que somos a datos curiosos, el caso de Rushdie, que no es tan curioso, me dio más razones para seguir indagando. Es sencillo: ¿qué es un libro para que un Estado, una cultura, una religión enfilen sus armas hacia su autor? ¿Por qué puede molestar tanto un libro? El mismo Reinaldo Arenas no entendía por qué el gobierno cubano lo perseguía tanto si lo único que él hacía era escribir. No es tan sencillo en realidad. La figura del escritor es temible. Agita, inquieta, genera efervescencia. Los gobiernos saben esto. El poder también. Que hable Picasso: “¿Qué piensan ustedes que sea un artista? ¿Un imbécil hecho sólo de ojos, si es pintor, o de oídos, si es músico, o de corazón en forma de lira, si es poeta, o aún hecho sólo de músculo, si se trata de un púgil? Muy por el contrario, él es a un solo tiempo un ser político, siempre alerta a los acontecimientos tristes, alegres, violentos, ante los cuales reacciona de todas las maneras.”

Un antecedente bastante importante en la historia de la literatura relacionado con la censura es el Index Librorum Prohibitorum. En él figuraban todos los títulos que atentaban contra la moral, según la Iglesia Católica. Claro que mi propósito aquí no es exponer el Index. Lo rescato como un elemento más de motivación. Y más por algo que le oí decir a alguien, creo que fue al profesor José Guillermo Anjel en alguna de sus clases, lo cito con temor a equivocarme. Decía que esta lista de libros prohibidos se había vuelto un catálogo de títulos que un hombre culto debería leer. Una mirada rápida sobre los nombres registrados confirma esta opinión.

“Contra la censura: Ensayos sobre la pasión por silencia” —J.M. Coetzee. Hablando de textos donde se reflexiona hondamente sobre el tema. A esta obra volveré con frecuencia. Digamos que la información está en el aire. Siempre oímos de casos concretos donde la censura mete su mano para revolcarlo todo. Hablan de derechos humanos inalienables. A eso estoy acostumbrado. A lo que no, y por eso agradezco al autor, es a un análisis más amplio del fenómeno. Parece que esto aburre a la gente y las letras muertes hoy también son mercado. Coetzee es un intelectual. Hombre de libros. Ésa es su mirada, de ahí su lectura. Entonces recurre a disciplinas que puedan aportar. Y su testimonio se hace así digno de ser tomado en cuenta.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Nunca he dicho nada serio aquí. Nunca he dicho nada. Siempre me refiero a otra cosa... Pero hoy tengo una buena actitud. Hay música que quiero, un poco de luz, café y afuera las cosas están bien, me dejan seguir siendo así. Por eso quiero conversar, inventar monólogos más catárticos que literarios, uff... Para muchos la única posible relación con la literatura está en los libros de los demás, y Dostoievski se vuelve tan odioso...

Entonces miraba otros blogs, más "originales" que lo que yo nunca podría pensar. Escribían de amor con la autoridad de quien lo conoce y ha tenido la delicadeza de abandonarlo. Hablaban del trabajo, del viento, de los perros con una misma voz. Y a la gente parece gustarles...

Mi problema es no haber conocido estas cosas. Si hablan de amor o de sus incontables pliegos, tengo que sonreír y asentir con la cabeza tratando de alejar la mirada. Observar con cuidado las paredes del lugar. Cómo podría interesarme por algo que no conozco, escribir o siquiera imaginarlo... Por eso la vida de los demás siempre es lo real; porque esto, me diría Nacho, ¿puede llamársele vida? Aunque qué me importa lo que piense él...

Después voy a decir, consolándome y arrullándome, que todos tienen su forma de no hacer parte de esto. Y si no, mire pa fuera... Schandefreude! Pero a mí, ¿cómo me pueden mejorar los vicios de los demás, sus formas no tan ortodoxas de ser ellos a pesar de todo? Es una golosina que no me podría alegrar...

Basta una canción, una buena lectura, una forma de compañía para dejar la efervescencia a un lado. Le doy la razón a Erasmo, y me reconforta ser necio como todos...