El punto es que comenten; ustedes saben, queridos: es necesario...

martes, 21 de febrero de 2012

"Alrededor de Borges está El Zhair, (sic)",...


…un texto cuasi científico donde traeríamos a Borges para analizar, dentro de las situaciones de su cuento, tres conceptos que son la obsesión, el olvido y, posteriormente, la locura. ‘¿Por quésos tres?’, puede preguntar Fernando, entonces le diríamos:

―Precisamente por las situaciones, Fernando.




I.

Borges, en El zahir, es cautivo de una moneda y, al momento de contárnoslo, se sabe untao del mal que representa la moneda que lo llevará, uno que otro día, al abismo que unos llaman locura pero él, Borges, sí sabe lo que es. Es importante destacar en qué estado del tiempo está el narrador con relación a lo narrado: en el penúltimo párrafo del cuento bien nos dice que para antes de 1948 ―estamos en los ´30 todavía― no sabré quien fue Borges, como aquél que se dio cuenta de que sestaba enloqueciendo. Y en el primer párrafo, que nos introduce a la trama por medio de una primera confesión, “no soy el quera entonces pero aún me es dado recordar”. Declarado el carácter analéptico de la narración: ocurrió en el pasado, pero un pasado no concluido, aún, al fin de cuentas, sigue vivo. Digámoslo de una vez ―pequeña disgresión―, Borges es a El zahir si bien autor, también personaje y, a demás, narrador. El narrador y el personaje son la misma carne. El narrador nos quiere contar una historia de la locura, bien contada, él mismo es el futuro loco que todavía no lo es. Aún, siquiera parcialmente, dice, soy Borges.

Y nadie dudaría ques el mismo Borges también el personaje: ¿qué tipo de persona suele verse padeciendo una obsesión cuyo objeto es una moneda corriente que, para el obseso, represéntale “un repertorio de futuros posibles”? ¿Quién ve en la moneda con que se compra un cigarrillo el óbolo del Caronte? ¡Borges!, ¿quién más? Hace falta la imaginería erudita y universal y compleja del argénteo para que pase por verosímil una tal obsesión. Ejemplo sea el texto del alemán Barlach que Borges encontró en una librería y citó por estar en él la explicación del mal que lo corroía. Era la divulgación histórica universal del Zahir. Después de leerlo, dice, ya sabía que nada lo podría salvar.

El azar le pone al personaje el Zahir en el camino cuando se consolaba éste de otra muerte, la de la mujer amada, ampliamente relatada antes. Pobre cuando confiesa que "movido por la más sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo", senamoró de la judía "y que su muerte me afectó hasta las lágrimas". El lector pensaría el zahir como un paliativo al dolor de experimentar el recuerdo de Teodelina Villar perfeccionando su desdén por la muerte, un olvido anhelado que, sin saberlo, se convirtiría en peor martirio: el zahir, para los pueblos árabes, dice el alemán Barlach, significa eso que “tiene la terrible virtud de ser inolvidable”, indeleble, “y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente”. El Zahir toma a Borges enlutado, caminando de noche en Buenos Aires, cursi dándole a la pena del puerto, en un barcito que le parecía vulgar, y ahí mismo le dio fiebre. ¿Por qué? Y efectivamente, no valió ni esnobismo sincero, se lo tragó el Zahir y más nunca volvió acordase de su Teodelina. Todo fue, incluso inicialmente lo recibe, el Zahir: tenerlo, tenerlo que perder, recordarlo, no recordarlo, tratar de olvidarlo, jactarse de haberlo olvidado recordándolo, al Zahir, perdido y nunca abandonado, reproducido, recreado, descifrado, agotado.

Y si bien el personaje olvidó a Teodelina, quien lo encuitara y cuyo olvido lo proporcionó el zahir, podría decirse, precisamente a causa desto que, hablando de El zahir, locura y olvido se habrán convertido en lo mismo, dada la premonición de Borges de no poder recordar, en algún por venir, otra cosa quel zahir, su única realidad futura; esto como primera conclusión.

viernes, 17 de febrero de 2012

Bolívar, el personaje y la literatura...


La elección del general como personaje tiene ventajas varias para el autor de novelas. Digamos, por ejemplo, la grandilocuencia de su peso en la memoria de noso mundo: su gloria militar ques par de lareté de los grandes griegos. Su indiscutible ídolo dentro de la idea y producto de nación que somos. Pensemos, también, en la presencia paralela directa de la historiografía libertadora cuánta no movida por las cuerdas de su acción. Y la presencia, a la vez, de la información no tan veraz como imaginativa, el vozavoz andino de sus hazañas que, a veces, volvióse, quizá más que las Historias, la verdad verdad. Un personaje a caballo entre cualquier posible extremo.
La posibilidad de hacer de Bolívar un buen personaje depende, solo, del genio artesano de un buen escritor. La peculiaridad deste general, por ejemplo, hiede al genio del Márquez, pa mí, conservando el equilibrio, por supuesto: pas de passions! El general está, entonces, vuelto un esqueleto en caída, sin lograr articularse en freno pa parar. La decadencia del militar que, dice Pablo, le admiró García M. a M. Faulkner como también, dice Memo, su Sur. Razones éstas que motivan chistes de salón: a propósito de curiosidades bibliográficas del estudioso de la literatura, la grandeza de M. Faulkner se manifiesta en el hecho de haber recibido, por dos ocasiones, el mayor premio de las letras: la primera en el '49 y la segunda, póstuma, en el '82. Un guerrero mítico caído en la desgracia a causa del azar de la guerra; entonces lidiaba con la peor de sus desgracias: el desprecio de su pueblo. La enfermedad le había cobrado caro. Una tos pertinaz lexpectoraba las víceras, a demás de las fiebres vertiginosas en noches de desvarío, las veces convulsión...
—Lo bueno fue ayer, dijo y pudo haber dicho el general, de cara a la seda de la funda de la almohada.
Lo que jode es saberse desilusionados. El verdadero padre, en el sentido político más actual, destas anchas y varias tierras ajenas tuvo como último propósito, antes de morir, huir de aquí, donde el tiempo locupó practicando su heroísmo, para nada. Después de múltiples lustros duros fríos frugales, entregado a la causa, no logró nada que resultara a salvo, luego, de la inminente destrucción que le sobreviene a todo lo que toca el caos. El general de García Márquez se ocupa de la última labor, como el cisne grazna, de emprender el viaje de regreso a la nada, un "mayo de rosas ineluctables".

lunes, 19 de diciembre de 2011

Homenagem.

"Escribir cosas que no se saben aún es un ejercicio funambulista, en el decir franchute: si uno se inclina un poco a cualquier lado podría caer, igual, al piso, ensuciando la prosa, dando vida innecesariamente."




Odalisque,


es, lo verás, insólito mi mensaje. Porque, en mi caso, otros se hubieran desbordado al primer instante. No se hubieran amarrado las manos. Ni escatimarían rincón del cuello que ponerle besos. Y, aunque una noche te los puse con la boca y los quité con la nariz, aunque encontré carne roja llenándote los labios, hoy no te puedo recordar. Y, después de llevarte de la boca a la calle, despidiéndote y cerrando la puerta tras de mí, me vi en la cara contorsión de risa, ni tan fija, quizás mendaz. Y me satisfacía, cerrando los ojos. Desas noches... quhemos ido perdiendo...

jueves, 8 de diciembre de 2011

A ver, querido, no es que sea justificación, lo que alegás cada vez que escribo. Pero el maestro ha dicho que ya no hay géneros, que no sescribe ya novela o cuento o poesía, que todo es escritura y con eso basta. No hay que responder más preguntas que la-de-la expresión. Y ya. Igual todos mantienen como unas ganitas de que la demás gente sepa que vivió, valga o no la pena saberlo. Mirá las cartas del papá, del setenta, guardadas en el cajón. Mirá los muchachos haciéndole músicas al tedio. Vila no hace sino crear, parece desesperado. Y yo, por ejemplo, paso horas en minútil correspondencia, divirtiéndome, haciéndole huecos a la pared de tierra contra la que discurrimos parados. Nada digno, tampoco. Y aun así, cuántas ínfulas me ha permitido darme, elocuente de noches... Estoy seguro, incluso, de haber registrado alguna verdad inédita, o, al menos, de haberle actualizado espíritu. Y no soy cuentista. Mucho menos novelista cuando no hay lomo pal'aparejo. Soy, por definición ajena, un "auto-expresionista", sabrán si a mi pesar, cuyo lema es "no soy capaz" y duerme demasiado. Mas se va viviendo. De pie en los tiempos cuestabajo del posmoderno, donde el valor se lextinguió en proceso inverso al brote. Y ninguno tiene idea de cómo es que sigue uno vivo. Tampoco necesitan saberlo, es cierto. Creador, crea, dicen; nunca dijeron cómo. Aquí pongo mi grano, en mi propio molde ques malo pero es propio. Aquí me he de ubicar en la historia, catorce lustros luego.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Anancástico, del griego anagkasticós, obligatorio: obsesivo.

"Pero seguí el denim que te apretaba. La invitación, y no lo negués, no pudo ser mejor."

Digamos que podemos hablar en primera persona, yo, aunque, ¿cuántas otras cosas no estaremos perdiendo al no decir él ve y sí yo veo? Ésto se le pregunta a un maestro. Entonces, yo esperaba en la esquina desde donde se ve el Miguel "Ángel" Builes, hablando, procrastinando, dirían, sin acabar de cruzar la Beatífica, donde estaba desde que movime de Bostón, hablando con D. el tío, lamentando la condición, recordando a risas las historias que siempre recordamos. D. el tío, esperando también, recostado contra el riel de la persiana, me decía que los años añejan a la gente, que nada es en nada lo mismo ahora que antes. Yo le estaba escuchando, atento y cabizbajo, asintiendo a tiempo, impecable hasta ver pasar el denim diciéndome hola o adiós, despacio, con su mamá o tía o su primastra política. La invitación del denim. Fogo lento. Constante. Démosle nombre o adjetivo al estado en que quedé, al lado de D. el tío, en medio de la conversación, anancástico. Entonces debí haberle dicho que las mujeres llevan en la boca sandía o chocolate. Y si se saludan se ven se huelen o se imaginan, vuélvese ineluctable el recuerdo del chocolate o la sandía, con todo lo que lleva eso en sí. La conversación no duró mucho más. No estaba en condición social, obsedido por una sola imagen. La llamita pertinaz à la soplete. Seguí caminando, esquivando, lamentando, asintiendo, mitigando mi camino a casa. Búsquele remedio al dolor que está usted en su casa, so I did. Nonán. Además, ¿quién saca en medio de la noche los labios chocolate que le besen hasta el sueño y amanezca sin ganas, curado del "dolor"? ¿Las mujeres de la televisión saben tenerse en denim y decir hola o chao removiendo, remordiendo, remorando? No queda otra salida, en primera persona, para poder seguir con el torrente de las otras cosas, sino el tobogán en bajada del desahogo en memoria de, catarsis dirigida; respirar sin mocos, tomar agua limpia. Aunque, hay que pregutar: porque escriba acordándose della, ¿le pesa menos al obseso su obsesión?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Al señor de Villalobos...

Se podría decir que todo es una ficción, dearest, porque estamos atravesados por la distancia. De lejos creemos saber qué le pasa al otro. El otro, que escribe para comunicarse, como le queremos llamar a eso. Si escribe, hace transacción de información entre Psiqué y Grafós. O sea, lo que él conoce lo pasa a la escritura y, como a toda traducción, le sobra viruta o le falta retoque. Se reinventa en la escritura lo que inicialmente tenía el hombre adentro. Sin insistir en la distancia en la que estamos unidos, entrecomillado. ¿Qué entendemos por "unión" sino presencia? Y, ¿a qué nos huele la presencia? A una letra. Un signo. Abren la ventanita, la del feis, a ver si, quizás, los textos los mencionan, a ellos o a veces a mí. Una frase de ayer en la ventana significa presence, vous croyez? Y entonces los vítores de unión, de intercomprensión —sin haber discutido aún lo que cada uno entiende por comunicación que el sólo conjunto de definiciones son la prueba de su inexistencia. Y creemos que estamos en lo real, haciendo lo que hacemos...

Boa sorte,

—Gustavo, otra ficción.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Lecturas:

La visión de los vencidos de Miguel León-Portillas. La pregunta empieza aquí. ¿Cómo vieron los indígenas mal llamados la Conquista? Siempre nos hemos remitido a los coronistas de Indias como única fuente histórica para leer la llegada de los españoles a América. Pero, viéndolo bien, viéndolo, el choque que culminó con la total realización de la historia occidental, en palabras de Arciniegas, ¿no tuvo como protagonistas a europeos —italianos, españoles, portugueses— y los "naturales" de Tierra Firme, Nueva España, Islas? ¿Por qué, entonces, parecemos reacios a ver el otro lado del choque? Fray Bernardino de Sahagún, franciscano, nos ha contado siempre lo que Alva Ixtlilxochitl vio y sufrió y contó, en castellano, además. La edición mexicana de 1891 de sus Obras históricas es un homenaje a Colón, descubridor y gran líder de la empresa conquistadora.

Si a la Filología, como es dicho, le incumbe la cultura, y la fecha de 1492 marca la llegada definitiva de los europeos a América, donde "la historia empieza a caminar de otra manera", valdría la pena seguir indagando ahí, en la fisura que se revela al encontrarse dos cuerpos no antes vistos ni sospechados. La imagen que el uno se hace del otro. Tzvetan Todorov expone cómo el español ve, o entrevé, o no ve, al "indio", León-Portillas a la inversa, cómo el pueblo nahua ve a los seres de piel blanca, los que creyeron, una vez, dioses, los popolocas, los bárbaros. Digo, entonces, que buscar entre los pliegues del choque de los que nos dieron nacimiento sería rodear el escenario de nuestro origen.

Sin embargo, de esos dos cuerpos que chocaron violentamente en muerte, en robo, en violación, surge, a causa de la última, un nuevo cuerpo, casi tan diferente del español como del "natural" destas tierras, el fruto dese mestizaje: el criollo, "la formación de mundos nuevos en el Nuevo Mundo", "la creación de nuevos sujetos históricos mediante de los múltiples procesos de mestizaje e hibridación" (1). Este nuevo sujeto histórico, cuyo estadio actual somos nosotros, ¿qué imagen tiene de su antepasado el español, del nahua o muisca que se cruzó con aquél otrol?, ¿lo que sabe de ellos le revela algo de sí mismo? ¿Cómo se manifiesta este nuevo sujeto histórico, el mundo nuevo en el Nuevo Mundo, el cual será distinto e independiente en el XIX, cómo es caracterizado, en qué se parece o se diferencia de los anteriores? ¿Quién es éste nuevo? Si lo vemos, por ejemplo, en Los cortejos del diablo de l'ecrivain colmbien Germán Espinosa, ¿cómo manifiesta el narrador esta mirada inaugural? ¿Cómo las formas narrativas hablan de esa nueva visión en cuanto a la elección de esas formas y no otras?




A Marage:

-¿Vale la pena pegarme al concepto de identidad?



1. Colonización, resistencia y mestizaje en las Américas (siglos XVI-XX) Pag. 7

sábado, 11 de junio de 2011

Sobre dios y otros...

Disquisición alrededor del tema de dios en la Semana de los Santos, la más plácida de todas con las que empieza el año. El Padre se inclina a lo que él considera bueno, como es natural. Tano no se sabe bien. Aida O, músico beatífico, rezuma el elemento cristiano. La lectura, al final, puede aburrir un poco. El lector asumirá el riesgo.


(Santo Sábado, “semana mayor” del año Once. La Beatífica Flor)

Personajes

El Padre

Tano

Aida O.

Tano:

“Dios ha muerto” —Nietzsche

El Padre: “Nietzsche ha muerto” —Dios

Tano: Y, Padre, sí: Niezsche murió el veinticinco de agosto del 900. Nada nuevo. En cuanto a dios, ¿no murió, pues, ayer?

El Padre: El asunto de Dios es complicado, pero hay que abordarlo al estilo de San Efrén, que afirmó: "Acércate a Dios como adorador y no como crítico".

(Pausa, continúa después de revisar su casa de citas, referida a constancia)

Ahora bien, muchos se atreven a considerar sobre Dios, a ponerlo en entredicho; pero qué tal si pensaramos igual que George Bernard Shaw, cuando expresó: "Cuando Dios creó el mundo vio que era bueno. ¿Qué dirá ahora?"... ¿Qué piensan que está dilucidando Dios sobre los que lo critican, niegan u olvidan?

Tano: La crítica va, no hacia dios —lo que sea que llamen dios y no todos necesitan— sino a lo que han hecho los que se llaman sus ministros, o, la institución a la que representan. Dios puede que esté bien. No importa mucho tampoco. Entonces, les decimos "Dios ha muerto" —sin ofensa, sino con burla— a los parroquianos que matan a su Dios cada año para sentirse "cristianos". Como Gandhi: "Yo sería cristiano, sino fuera por los mismos cristianos".

(Entra Aida)

Aida: Celebración y conmemoración de un evento mundial. Una historia que dejó ejemplo de vida, no de muerte, mejor aún si pensamos quién será capáz de dejarse torturar o burlar. Nosotros somos poco pacientes e irrespetuosos en algunos casos. Igualmente, Dios no necesita de nosotros, que seguro somos los que podemos estar un poco "enredados", incluso desde antes de Cristo y posiblemente en la actualidad con más intensidad. De donde cabe resaltar que un principio importante es amarnos los unos a los otros, respetarnos, hacer buenas obras. Tambien es de mucho respeto reconocer lo importante que han sido varios autores de libros y postulados que generan diferencias y cuestionan nuestras creencias y comportamientos, pero creo que es más sencillo pensar en nuestras obras y la tranquilidad de nuestra vida, es decir, estilo de San Efrén.....como bien lo menciona El Padre... Por lo demás celebramos vida sobre la muerte, con un elemento bien complicado... muerte de una persona que resucitó y la Fe permite creerlo, no los ministros que bien o mal administren nuestra Iglesia. Seguro que Dios siendo un padre bueno nos quiere bastante y a todos escucha muy bien dichos cuestionamientos. Esa es la vida, de diferentes maneras buscamos algo muy natural y común... es de cada uno...

Tano: Me parece, a la luz de todos los días y las calles de la Beatífica ―Santa Rosa―, que la idea de dios no es necesaria, y, como todo, ni buena ni mala. Al menos en la medida en que un escéptico no tiene peor vida que un fervoroso azótame-el-costado-izquierdo. El que acepta ver por sus ojos sin el matiz de dios no sufre menos que el más pío de los padres y en ambos casos, inevitablemente, llega la muerte y da con ellos al mismo hueco… a nuestros ojos, claro, “la lluvia cae de la misma forma sobre el justo que sobre el malvado”. Y como nunca se podrá saber quién tenía razón, usted o yo, porque además de especulaciones poéticas, en lo del humano hay pocas cosas ciertas, no veo por qué apasionarse tanto con divertimentos. Punto aparte. Hablemos del hombre: no somos nada mejor que los perros, a quienes domesticamos, ni de las demás especies vivas. El lenguaje puede que sea la única diferencia, o sea: símbolo, luego espíritu. Le vino al hombre por azar y naturalmente. Pudo llegarle a otra especie, pudo ser que el hombre no evolucionara a lo que es ―estamos de acuerdo en que eso hubiera sido lo ideal― a tal extremo de no existir hoy. La religión vino después, hija del lenguaje. Dios: una palabra, incapaz de “desenredarnos”, es el hombre quien actúa. Bajo la conciencia de todo esto, ¿por qué tendría el hombre que administrar su espíritu únicamente, exclusivamente, a través de dios, su segunda invención más rútil? En la Beatífica, Santa Rosa, posiblemente sea para mantener “la tranquilidad de nuestra vida”, y no desbordarse. No sé, todo es especulación.

El Padre: Vamos a ver cosas incontrovertibles. Si no me creen a mí, créanle a pensadores de peso. Cómo les parece esta perla: "Dios es el gran silencio del infinito. El mundo todo habla de El y para El nada de lo que se diga lo representa tan bien como su silencio y su calma eterna", y eso que es nada menos de Eliphas Levi, el ocultista y escritor francés. Esta otra cita, de la filósofa alemana Edith Stein: "Quien busca la verdad busca a Dios, aunque no lo sepa". Y esta de Albert Einstein, que casi nadie lo ha oído mencionar: "El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir". Y para cerrar, intentemos explicar con Avicena algo interesante sobre Dios, y es que todos, incluso aquellos que niegan la existencia de Dios, tienen en su mente la noción de Dios; si no la tuvieran, no entenderían lo que dicen cuando afirman que no existe. Ahora bien, esa noción es la del Ser más allá del cual no cabe ni siquiera concebir algo más perfecto. Pues bien, ése ser perfectísimo ha de existir necesariamente, pues, de no ser así, cualquier cosa que existiera sería más perfecta que Él y eso sería contradictorio. Por lo tanto, es necesario que Dios exista. ¡Y existe!

Tano: Sea, sí: dios existe. Siempre lo hemos reconocido, inicialmente al decir que ha muerto. Pero no discutimos la existencia de dios. Como dicho antes: si existe o no no debería importar: el mérito del hijo es creer ciegamente en su madre. No es negocio del Dalai si la paleontología demuestra con rigor científico la inexistencia de Siddhartha Gautama. El místico se dedica a vivir a dios y no tanto en definirlo. Además, es tan etérea la cuestión, que cada uno, como desea, elige una de las posibles interpretaciones, así Ovidio decía, casi en refrán, que “es conveniente que haya dioses, y como lo es, creamos que los hay” y estamos totalmente de acuerdo. Mientras las iglesias sirvan para consolar al hombre de haber nacido para morir, que le oí a Unamuno, nadie tendría problema con ellas... Lo bueno de estos temas es que como con el arcoiris, nadie sabe ni dónde empieza o termina.

El Padre: Esto se pone interesante. La existencia de Dios es importante para la Humanidad, porque en definitiva es útil. Y esa utilidad se evidencia en el ideal de trascendencia de los seres humanos -trascendencia en el tiempo y a la verdad- que se fortalece a través del conocimiento y la fe. Dios es útil porque da sentido y esperanza a la Humanidad y motiva las más nobles acciones y las más recias virtudes en el proceder. Dios es útil porque, invariablemente en su perfección, permanece como testigo de la imperfección humana y como ideal de ética, promueve la dignidad y la confianza en el Hombre mismo.

Aida: Definitivamente señores, este intercambio de ideas es cada vez más interesante, sobre todo con los aportes de Carlos Julio, el Padre, quedo un poco corto de palabras. Vale resaltar que es la mejor manera de plantear una discusión o simplemente un tema que nos parece importante, eso sí, respetar nuestros derechos y dejar que cada uno se exprese libremente, además de compartir nuestras creencias (decir lo poco que sabemos y reconocer que nos falta mucho, pero eso se puede ir logrando cada vez que tenemos la oportunidad de tener vida en la tierra). Luego de hacer énfasis en el respeto y la libre expresión, es muy difícil para mí dejar de lado un tema que espero ustedes comprendan, que permita cuestionarnos y ser reflexivos como personas cultas y grandes que somos...: cuando escribimos dejando posiciones muy precisas sobre el tema de conversación de estos días, creo que es porque, si bien estamos viviendo en un lugar reconocido por su tradición como lo es el Municipio que más quiero y llevo en mis afectos, Santa Rosa de Osos, no entiendo y creo que no es de concebir que al representar un bar "Bucósqui" que me invita a la cultura, a leer un libro, a compartir sanamente un trago con amigos etc... tengamos que evidenciar comportamientos que nos son propiamente los más respetuosos y ubicados justo en el momento en que pasa una gran cantidad de personas que de acuerdo a su Fe, están celebrando un evento, que a lo largo de la historia es de gran importancia espiritual y si lo queremos llamar también como expresión de una cultura Santa Rosana... Pues me explico mejor... ¿Concierto de rock versus Procesión en un día, para los católicos, Santo? Comento lo siguiente... de una manera jocosa... Se imagina Tano... sábado a las 10:00 de la noche un personaje... puedo ser yo y 30 señoras con un megáfono haciendo el Rosario en la puerta de su Bar?... Eso jamás lo haría un católico, así que por favor reflexione sobre sus programaciones que no son malas, horarios y demás comportamientos, a la hora del paso por la calle de una procesión religiosa, no es mucho pedir, es lo mínimo que debemos hacer las personas sensibles como usted y yo, sentido común compadre... si hay una vaina que no nos gusta y no es de mi asociación, concordancia o afiliación, pues por lo menos respetemos el espacio y saquemos a flote la paciencia, sensibilidad, respeto por las diferencias y demás virtudes, valores o como lo queramos llamar, que son parte o resultado del conocimiento y el crecimiento personal... Mejor dicho hermano, preferiblemente conversemos, como lo hemos venido haciendo y no hagamos parte de comentarios que dejan muy mal a un lugar que en mi opinión es de muy buen aporte para el pueblo como su Bar. Con respeto y cariño.

Tano: Comencemos: primero, es verdad que debería expresarse mejor: el concierto era Ska, género lejano lejano al Rock. También comprendo que, por no querer escuchar el toque de Skaína, banda, además, hecha por beatíficos, es decir: gente activa santarrosana, ni ver a Lars von Trier en una obra capital del genio humano, no lo percató, pero, compadre, la musiquita se deja disfrutar, basta escucharla y bueno, usted mismo dice ser músico... Segundo: no era un "versus" como lo quiere ver usted, tal vez herido, como piensa Nietzsche de los cristianos; era un "además", un poco más comprensivo con el público, con las múltiples culturas que cohabitan en La Beatífica Flor, donde los rituales cristianos conforman una sola entre todas las otras culturas. Tercero: sentiría mucha lástima si llegara usted con otras treinta señoras a rezarme rosarios, los carros los enmudecerían en plena calle; además, nosotros ya hemos sentido, peor que un megáfono cualquiera, el de la Capilla Humilde de la Beatífica, en la puerta del bar; no estuvimos muy contentos, pero tampoco dijimos nada, por lo del respeto y eso. Se puede convivir así. Se puede. Y, hombre, la Beatífica ya tiene algo de ciudad —con nostalgia de lo bucólico— que en lengua cristiana quiere decir: habemos tantos que, por principio, tenemos que ser diferentes, es decir, no todos van a la procesión o a misa los domingos o los miércoles, así como existe también Mahoma y Buda y Shiva y el Tao, cada cual decidirá. Entonces, para los que no quieran hacerlo, Bucósqui va a estar abierto para ellos. Para ellos nuestro comportamiento no nos hace "quedar mal", como cristianamente muy bien dice. Nosotros somos los mismos durante el año, no esperarían que cambiemos porque esta semana es símbolo de una cultura. ¿Las otras qué? ¿Heredan los ritos de esa cultura porque habitan el mismo espacio? Ciudad ciudad, compañero. Y, claro, diálogo.

jueves, 2 de junio de 2011

El dandy desafiante de Presunción Silva

El dandismo es una institución vaga, tan extraña como el duelo. ―Baudelaire

I want a hero: an uncommon want, when every year and month sends forth a new one. ―Lord Byron

Prolegómeno a De sobremesa

Rafael Gutiérrez Girardot inicia su prólogo a De sobremesa de José Asunción Silva argumentando por qué, para él, la obra no fue bien recibida por el público bogotano en su publicación. Sugiere G. Girardot que la crítica no había entendido la obra dado que ésta “no correspondía a las nociones de novela reinante” La figura del dandy artista, desarrollada ampliamente en la novela por mediación de su protagonista, José Fernández, alter ego de Asunción Silva, no correspondía, mucho menos, a la figura de héroe reinante. Es decir, el personaje retratado en De sobremesa, un “héroe dandy” artista, aristocrático, ¿vanidoso?, incómodo y crítico, no valía la aceptación de sus primeros lectores: los coterráneos de Silva, que Fernández llama, contradictoriamente, burgueses, siendo uno él mismo. Su ostentosa figura de aristócrata de abolengo, trasluciéndose, tal vez, en vanidad y presunción, entraba en conflicto con principios cristianos o conservadores, también “reinantes entonces”. El conflicto se explica en parte desde la mala interpretación que se hace de la vanidad del dandy, un asunto de aristeia, de superioridad aristocrática del espíritu.

Por otro lado, la construcción misma de la novela revela al artista dandy que la compone. El hecho de ser un diario, o sea, la primera persona de Fernández-Silva, y de que el tema del diario sea un viaje al centro de la civilización occidental, un “viaje sentimental [de] las sensaciones del sujeto” dice Girardot, sustentan la tesis de Andrés Lema refiriéndose a De sobremesa: “la novela como construcción y exploración del yo”, un yo-dandy. G. Girardot resalta su condición de novela de artista, solución al problema planteado al autor de justificar su “existencia poética” social y moralmente. Todas estas características formales, aunadas al contenido de la obra, develan un autor político, si se quiere, que se opone en gran medida al público lector inicial. La figura del dandy, rasgo de primera importancia en De sobremesa, amplía la discusión. En aras de profundizar bajo esta luz, proponemos rastrear las siguientes líneas: ¿qué hay de dandy en De sobremesa? Esta respuesta, con algunas consideraciones previas, ¿qué nos revela políticamente, por ejemplo? Y esto último, ¿cuánto influyó en el rechazo que sufrió la obra?

Dandismo

El dandy es, irrefutablemente, uno de los personajes más singulares del panteón literario occidental. Adepto de la distinción, brilla sobre los demás con matices de alto aristócrata, esteta, narciso, orador, amante, quien “gozará siempre, en todas las épocas, de una fisonomía distinta y completamente fuera de lo normal” (Dandsimo: 107). Rastreado en el César, Alcibíades y Brummell, narrado por Chateaubriand, Baudelaire o d’Aurevilly, el dandismo ha estado entre las letras bajo su actual nombre desde el siglo XIX en la literatura anglosajona como una forma peculiar de vanidad, como “la vanidad inglesa”. Charles Baudelaire, en El pintor de la vida moderna, define al dandy esencialmente como “el hombre rico, ocioso [quien] no tiene más profesión que la elegancia”.

Individuo desclasado, hastiado de la sociedad burguesa: hay que tener en cuenta desde ahora que el dandismo surge a causa del tedio, “para ser elegante es necesario gozar del ocio”. Según el novelista francés Honorè de Balzac, tres de las condiciones de la vida elegante son: primera, la finalidad de toda forma de vida es el reposo, el cual en exceso produce el spleen, segunda; tercera: “La vida elegante, en la más amplia acepción del término, es el arte de alentar el reposo” (Dandsimo: 25). Tales son las condiciones de Fernández-Silva; ahora, alentar el reposo excesivamente, así como en exceso causa el spleen, en José Fernández causa una gran insatisfacción, primero; segundo: caídas nerviosas al Maelström.

Crece el dandy en ambientes lujosos y rescátase, sobre todo, su divino talento. Si consideramos que el talento no se consigue con dinero, que es un don que se reparte de a poco, selectivamente, fuera del alcance del burgués, podríamos, entonces, afirmar que ubicamos en este punto la médula del heroísmo del dandy. Lo caracterizan primero una frivolidad marmórea que para algunos es puro estoicismo, segundo su gran vanidad, resultado reflexivo del contraste de lo bello con las cosas del mundo. Que poco tiene que ver con la excesiva toilette que no es vanidad sino la manera más diáfana de ser distinguido. En De sobremesa, obra de albores del modernismo, el protagonista además de ser, oponiéndose a ello, artista, es el clásico tipo dandy decimonónico que, incluso, viaja de Londres a París y Nueva York y habla castellano criollo.

Con Wilde se introduce una actualización al concepto de dandy. Salvador Clotas sugiere una liberación por parte del dandismo de “la burguesa terminología romántica del arte”. Desliga al arte de cualquier base ideológica o moral porque, supone el dandy irlandés, el arte es amoral. Sólo ha de importar el genio, la inteligencia y el gusto refinado. Los últimos constituirían, si se puede, la areté del heroismo dandy: su virtud. Se establecen, como nuevos valores, la frivolidad, la paradoja y las mentiras, la ficción. Para los escritores que dedicaron su pluma al tema del dandismo era éste una especie de rebeldía, con “su propio repertorio de valores”, opuesto al sistema moral burgués (Dandismo: 13). El dandy, es, en parcial conclusión, “el último destello de heroísmo de las decadencias” en palabras del poète parisien.

Aristocracia/Burguesía

La Revolución Francesa puede leerse, à la Balzac, como “una cruzada contra los privilegios”. La burguesía, cansada de ser la única que trabajaba mientras la aristocracia era incapaz de hacer nada más que gozar de su ocio, supo imponérsele dividiendo con los viejos dueños los problemas y la riqueza. Se reconstituyó la sociedad “rebaronificándose”, más específicamente. La burguesía también está en el poder, pero una burguesía que aprecia los valores aristócratas y no duda en adoptarlos cuando lo considera preciso. Una vez consolidado el pacto con el que gobernarían los nuevos socios, le mostraron al pueblo los dientes advirtiéndole. Y, ¿por qué los mercaderes cada vez se parecen más a los señores? Porque aquel que “domina a los demás, habla, come, anda, bebe, duerme, tose, se viste y se divierte de otro modo que la gente despreciada, protegida y dominada” (Balzac, 1974: 40) He aquí el nacimiento de la vida elegante, madre cortesana, entre muchos, del petimetre y del dandy.

Si decimos que fueron repartidos los problemas y la riqueza entre ambas clases, decis que el poder fue cedido en parte, de las manos de la aristea a los mercaderes. El ocio, recuerda el lector más arriba, es una condición sine qua non del dandy, además del dinero. Y el ocio, para la clase burguesa, de motivaciones pragmáticas, “ahora en el poder”, era condenable, marginando socialmente al artista. Surge otro momento crítico: el artista, siendo él mismo burgués puesto le es al dandy necesario “tanto en el vestido como en la ideología, el orden burgués de las cosas” (Dandismo: 12), vase en contra de la burguesía basándose en valores aristócratas para oponérsele, llamándola vulgar, si se tiene en cuenta el nacimiento de la vida elegante. José Fernández, por ejemplo, siendo de una familia adinerada, critica sus costumbres, mina los fundamentos de esta clase. La entrada del diario del día 26 de julio es una muestra de ello: en un ambiente europeo cosmopolita, se dedica el narrador del diario a renegar lo que para él es vulgar en cada una de las personas que ve: “gomoso parisino, que cuentas tus groseras aventuras de taberna y de burdel”. La vanidad del dandy impide rotundamente la vulgaridad.

Fernández-Silva

José Fernández, alter ego de José Asunción Silva, además de revelarnos información acerca del autor ―su intención―, se revela también, en su naturaleza de signo, como el síntoma de algo más. No en la misma medida que cuando decimos agua la sed o el fuego es el síntoma, pero sí en una relación similar. José Fernández simboliza los valores del dandy en una sociedad burguesa que es “copia de copias de lujo abigarrado de la gran burguesía europea”, piensa G. Girardot, valores que, en su obra, le pudieron haber costado el olvido, como le costó un primer rechazo.

El narrador sugiere que Fernández, “la máscara de Silva, como su creador”, creció en casa elegante, los Fernández de Sotomayor y Andrade, aristocrática e influyente. Fue dotado de una fortuna “lo suficientemente rotunda como para pagar sin vacilación todas sus fantasías”, que siempre añoró Silva: si bien parte de la novela es autobiográfica, la suntuosidad constituye una ficción, ya que, José Asunción, aunque de cuna, alcanzó a conocer la miseria. Fernández tenía la capacidad de costear todas sus excentricidades. Y si no, en un caso extremo, sabe el lector que posee las habilidades para conseguirlo. O las amistades.

El rasgo dandy de José podríamos llamarlo vitalidad intensa e insatisfecha por conocerlo todo, “alentar el ocio”, dice Balzac. La actitud del protagonista contrasta con la quietud de “la vida burguesa sin emociones”. Con respecto a las excentricidades de Fernández-Silva, leemos justo antes de la entrada en el diario del día 25 de julio en Interlaken: cuando el relato del diario es interrumpido para dar la voz a la narración primaria, la macro-narración, dice, de Fernández, Saenz, un médico amigo, que lo que le impide ser poeta son “los pasteles trufados de hígado de ganso, el champaña seco, los tintos tibios, las mujeres ojiverdes, las japonerías y la chifladura literaria” (De sobremesa: 217). Excentricidades algunas rayanas en la insania, cuéntanse noches orgiásticas opiadas, que llevan a desequilibrios emocionales bastante originales, como el deseo ginecida, a veces llevado a la acción, de asesinar a sus meretrices. Es, precisamente éste, el escenario donde se desenvuelve José Fernández: una dualidad, marcada por la intensidad, entre su yo sensual y su yo intelectual.

A modo de conclusión

El dandy, un personaje frecuente en la literatura occidental, con todas las características de un héroe específico, el héroe dandy, rastreado en José Fernández, protagonista de De sobremesa de José Asunción Silva, el cual influyó esencialmente en la construcción de la obra e infortunadamente en la recepción de la misma. Primero le dio características formales eligiendo, como vanidoso, su formato predilecto: la primera persona: el diario; el tema fue un viaje sentimental para contar cada una, en detalle, de las sensaciones del protagonista, que en este caso significa, también, al autor; recordemos: Fernández-Silva. La presencia dandy en la obra, además de otras razones de G. Girardot en su Prólogo a la novela, alimenta la discusión alrededor del rechazo inicial que sufrió la novela. Una voz impertinente, que nace burguesa y muere aristócrata, es, al lector decimonónico, un inconveniente de la obra. El asunto se explica, como establecimos antes, a una mala interpretación, a un prejuicio. Se recomienda indagar aquí.

—G Ochoa V.

La Beatífica Flor, Mayo 30 del Once


Bibliografía

El Dandismo (Editorial Anagrama, Barcelona: 1974)

De Sobremesa, José Asunción Silva. (Círculo de Lectores S.A., Bogotá: 1984)

“Prólogo”, Rafael Gutiérrez Girardot. Aquelarre (V. 4, N. 8, Tolima: 2005)


lunes, 23 de mayo de 2011

Justificación




"Only unfulfilled love can be romantic."
—Woody Allen

"...ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar."
—Rodríguez


Basado en el hecho de que las manzanas son rojas y el cielo azul, como el poeta de Big Fish, y…, ja, mentiras! Es la forma de presentarme a vos, Lise bonita. Mi justificación: pero primero mi temperatura, como aconseja González: Summertime de Seacrest:(http://www.youtube.com/watch?v=PySJd54Ilx0). Después de leer las frases cortazarianas en tu ventana, me ubiqué en otras noches más felices en la Beatífica, noches donde Julio y vos en American, un jueves de tango y Solís, después de la semana, antes de Bucósqui. Todo era muy distinto; como con Neruda nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, más o menos. Aveces me contristan estas cosas. Pero las tristezas se llevan debajo del bolsillo de la camisa todos los días hasta que, en una ventana, se entretiene tanto el espíritu, perdón ―lo que dicen genéricamente llamar espíritu―, ...leyéndote por esa ventana, cocinándome plácidamente en vos como recuerdo, como posibilidad, como imagen estética del Face…

[Hay momentos en los que me creo enredar, de esas cosas que uno no acaba de convencerse, pero las presiente. Yo, para efectivamente no enredarme, escojo la mejor de las posibilidades que es la omisión, en este caso, por lo menos. Es decir, me pude haber enredado como no me pude haber enredado, cualquiera de las dos antes de enredarme era posible. Actuando en analogía con lo anterior, como puedo y no creer que estoy tomando una cosa por otra, enredándome una y otra y una otra vez, entonces omito lo real y elijo la segunda posibilidad, diciendo:]

Esa noche Lise, ya me había quitado el buzo y la bufanda y la barra la tenía mojada con aguardiente y agua. Todavía no fumaba. Y, mientras Julio, del otro lado, al frente mío, cantaba los Panchos o los Tres Reyes o Edmundo Rivero, yo ponía la copa para pasar las páginas del librito que me regaló Carlitos, el que escribió Rayuela, leyéndote a vos ahí en el sentido de esas líneas: eras un para-sentido almibarizador. Eras como una esperanza, un posible camino esa y esas noches que volviste a recordarme hace cuántos quince días, con Claudia, la otra ondina; bajando por la quesera, sin mirarme, me dijiste pudo haber sido perfecto, Tano, pudo haber sido… Yo asentí y asiento sacándole el dedo a Woody Allen en la película “Whatever Works”. Porque las posibilidades que no han sido no son ya del todo desechables ni muertas, ése es el asunto. Además, en su condición de recuerdo, poetizan a todo aquél que goce de facultad poetizadora que la vida reparte de a poquito. A vos te llegó, como larena, de apuñados, exquisita, derramada. Ah Lise…y cómo me acuerdo…

Y, no, o sí, pero hay que volver a lo serio, a seguir haciendo confetti pal olvido, archivándolo, otro escaloncito a… lo mismo. Nada. Sobre esto no hemos hablado lo suficiente aunque sea de lo único de lo que hablemos, cariño, la vie… ¿Has salido con mejores conclusiones acerca de esto en el tiempo que no sé de vos? Yo, por ejemplo, sigo mordiéndome los dedos, ja. La justificación, ahora sí: te vi, me acordé de…, me acordé y me enredé en…, con citas de Cortázar y Amélie, con una noche en específico. Y, Lise, no me interesa no hablarte. Así no se toquen o sí las manos. De esto se trata todo, hubiéramos podido ahorrar diciéndolo simple así: "qué tal, la escuela, los niños, el clima, los novios, el café, la academia, libros, camas, pelis, tardes, pero no lo dije así, lo siento...


Aur'voir,



—G Ochoa V.
La Beatífica, 22 de mayo del once.