El punto es que comenten; ustedes saben, queridos: es necesario...

viernes, 30 de octubre de 2015

Vicisitudes de una noche alta y fría



Motivos florales


El colega Esteban lloraba, a dos metros de altura, sentado sobre el bloque derecho de mármol que configura la escultura de Marco Tobón dedicada a Berrío, Pedro, con motivo de Palas.  Al que le duele la muela sabe el dolor.  Luis, el músico, comentaba la fiesta de su casa, la madre prolija y satisfecha y reconocida.  Yo pensaba —al garete— que Marco había sido generoso en esculpir para un pueblo indiferente de la forma.  Cuántos, al ver la cara de Atenea, seguía pensando yo, se preguntarían, de pronto, si Marco se había alimentado mientras le dio cincel al brazo izquierdo entero de la diosa.  O, al sentarse a la placa baja, ante el marco tupido de hojas duras y glaucas, alguno habrá presentido ese cincel… la intención al fondo o detrás dese cincel.  Lo más seguro es que quién sabe.


¿Qué lee Atenea?

Palas sostiene, bajo su mano izquierda, un libro encuadernado, cuyo título…  Debajo está lo que parece un folleto o libreta.  Cuarentaicinco grados verticales, arriba, Pedro Justo Berrío, con paquete parecido, el jurista, el menos importante en esta historia.  ¿Qué leía Atenea bajo asignatura de Marco?  Como no se sabe pero el libro sí está, pensemos general y que sea de carácter astronómico, botánico y poético.  Y ahí nos queda una duda digna de trabajar.  Que lo que está escrito no sea imprenta sino manuscrito y el tema, el mismo de las conversaciones de café de pueblo…  desde hace tres generaciones… en las tardes frías de las tierras altas, anodinas como indoloras.


[Inscripción al envés de la escultura]

Esa noche vimos cine hecho por gente de aquí.  Las calles eran representadas azules, lúgubres sensaciones frías.  Luis y yo seguíamos dándole a las historias añejas de Marco.  El colega Esteban todavía lloraba.  Subimos encima del bloque derecho de Marco.  Dominábamos el parque.  Muy poquita gente pasaba.  Esteban, sobrepuesto y sentimentoso, había llorado por haber regado, par de lustros atrás, estas mismas plantas —y otras más.  Lo suyo era celebración, no lamento nostálgico de un pueblo rumbo al olvido, no.  Como no era, para nos, ese noctívago instante, de camaradería dilatada, en una montaña casi sin nombre… peor aún, sin significado…  Pero festivos, como una cosecha buena… no había lugar para nosotros en las calles desos documentales…  A la Beatífica de nosotros no le faltaba casi nunca cumbia.


Escultura Pedro Justo Berrío


…de Marco Tobón Mejía, la hizo en París y llegó a burro desde que la bajaron del Magdalena, tal vez en Honda.  El tema es el señor Berrío.  Lo importante: la mano de Marco.  Hace 88 años vino de Francia el artista para verla puesta y, ahí casi mismo que la gente dio el pispo bueno, volvió a coger oceános y allá le visitan los turistas tanáticos.  Hoy, Marco, la belleza de tu producción es, también, mobiliario.  Tu arte se ha vuelto útil.  Los niños aventados ensayan malabarismo.  Los adolescente, buscando rincón, descandan, dominando el bulevar de entrada al parque, y sonríen porque adentro saben que tienen todo el tiempo.  Los nocherniegos, también, llegan una vez encendidos, de anís y de noche, al cénit del mármol que tallaste, saludándote a ti y a Palas, a Luis, la noche, el parque, la camaradería de noche, afirmativos y mojados; la Beatífica, la casa: el inacabado afán de medio arrimársele a la belleza.

lunes, 23 de junio de 2014

Una confesión del adolescente enamorado

Les amoureux, 1888, Émile Friant
            Mirá que pasa el tiempo.  Siempre, siempre digo que empezar es el único reto; cómo decirlo… y que si uno no dice nada es peor, y por eso digo cualquier cosas como que me gustan mucho tus manos y tu lengua.  Que las he esperado toda esta semana… Cuando veamos a Pablo y a Matilde veremos un amor que me gusta especialmente.  Cada uno de los dos, a su manera, tenía, mejor: sentía placer en las mismas cosas, los dos al mismo tiempo.  Que dos se junten no es un evento cualquiera.  En vos hay parte de la alegría que todos buscamos; espero, yo también, guardar algo de eso para vos!  Ojalá que cuando nos miremos a los ojos con o sin ruido, en las calles o en las iglesias o en las piezas de la casa, vos sintás que yo tiemblo a veces también o que, como a vos, se me corta la respiración porque ‘toco con mis manos lo que mis labios no pueden besar’, como dice un viejo en los libros.

            Y están los abrazos que son besos.  Primero subimos las escalas y yo ya quiero lanzarme a las delicias que son para los dos los besos.  No he cerrado la puerta y ya enredé los brazos por encima de tus hombros... y ya llegué a tu cadera.  Que me gusta gusta y lo sabés.  Y si no lo sabías ya lo sabés.  Cerramos la puerta y vos te sentás en la primera silla, la más cerquita.  Yo tengo que decir cualquier cosa para que ya no sintás pena, para que no te sea tan extraño seguir aquí.  O te vuelvo a tocar y a besar y a mirar no como quien te necesita convencer, sino como quien desea que gocemos.  Porque el tiempo pasa y la experiencia ha dicho que quien desaprovecha lamentarse ha de…  ¿Cómo no prestarle suma atención a tus líneas cuando estás acá, a qué inventar excusas para no ser casi felices?: yo, si estoy contigo, me abandono a lo que acordemos los dos que sea estar bien.  Deseo que el goce de nos dos sencuentre en las mismas cosas, y al mismo tiempo.  Como las lenguas que juegan en las grutas y son pura sensibilidad combinada de dos texturas mojadas.  Me gusta mucho tu lengua en mi labio inferior.  Me gusta tanto mi lengua en tus labios, en tu cuello.  Me gustan tus cosquillas y mis manos, tu pecho y mis labios.

jueves, 22 de mayo de 2014

Pensar sobre Santa es como hacer un diagnóstico de uno mismo, cosas que no pasan muy a menudo. Quién sabe por qué… pero para seguir haciendo lo mismo tenemos el resto de la vida… entonces hago esta digresión y, a manera de carta, te voy explicando lo que pienso. Digresión disgregada porque con los conversables se les puede hablar así. Las cartas, Manu, siempre me han llamado latención. No que haya pensado mucho al respecto, porque hace poco tiempo sé que existía el género epistolar —que tiene más tradición que la novela, por ejemplo. Steinbeck, el de ‘Al este…’ y el de ‘Las uvas…’, antes de sentase a trabajar, se tiraba una cartica, o varias, y así, dice el man, ponía a andar los jugos. Yo sólo quiero escribir cartas.

Santa Rosa. Para nos, La Beatífica. Como te decía, uno casi nunca quiere pensar en las cosas de todos los días. Perec me abrió un poquito los ojos con eso de lo ‘infraordinario’, antónimo de extraordinario. El man se lamenta que uno sólo quiera leer sobre trenes cuando uno se descarrila. Que lo cotidiano merezca tan pocatención... debe ser síntoma de algo… pero no estamos aquí para eso… Salí al balcón a fumarme un cigarro, por eso del humo en el ‘hogar’, y Guanteros a las once de noche un miércoles no tiene muchacción. Entonces uno se queda mirando un techo de tejas de barro, o un poste o el muro llegando a Jimaní y se enreda en cualquier pensamiento, cuál de todos más misceláneo… Y pasan dos perros a ritmo contínuo, dirección aparentemente clara. Pero van oliendo… orines de quién, qués esta comida, y así… El pensamiento, invariablemente, se desvía de donde anduviera y se va con los perros. Distraído ya, empieza a formulase otras tantas preguntas y digo; cómo conocerán esos perros el mismo pedazo de cemento en la Tierra que conozco yo?, cierto?... Y claro que no me voy a responder esta pregunta… porque ya cambié de tema…

El hecho de tener memoria acaecida en La Beatífica no tiene nada que ver con que uno tenga un paradiscurso que defina esa memoria. Uno simplemente la recuerda, pero nunca la ha juzgado, y le ha dedicado más bien poca descripción. Por ende, queda claro que le puedo llamar a esto una inauguración mía.

Pienso que La Beatífica es un interregno verde… entre la montaña profunda y los valles nuestros más o menos cosmopolitas… Empecemos por ahí. Hay verde y gris —y naranja de ladrillo latinoamericano. Hay virtudes campeches y ambiciones de callejón entre edificios mole. El capital, incluso, se gana en el potrero y se gasta en los centros comerciales. El pueblo, el centro seudo-urbano, el escenario centralizado de comercio y vida común, es un puente activo entre estas dos maneras de estar vivos hoy. Y eso nos hace varios, de carácter, digo. Policromáticos, al menos.

Me pareció tan curioso el que no podás escribir nada acerca de Santa, ahora que la perdiste. La condición de Ulises es de una imaginación inflamada. Entonces salí a otro cigarro, prendí mi pipa de ganjah, encendí la música con ‘Vuelvo al sur’ y me fui a mis días de diáspora y pensé decirte ‘Manu, nos parecemos tanto a este pedazo de cemento levantao en la tierra. Si no sabés qué decir sobre Santa, decí algo sobre vos, y no habrás dicho mucha mentira’. Yo, por lo menos, soy producto de mis días pasados aquí, en completa condición cotidiana, y los días que fui Ashaverus también. Soy, en este sentido, como N. Parra, ‘mezcla de ángel y de bestia’. Y de Santa me vino parte de los dos. Una conclusión precipitada sería decir que este lugar fue hecho para morir bien. Vivir muchos años aquí es instruirse ampliamente en las bellas maneras de 'finir'.

miércoles, 2 de abril de 2014

Loló,


Noche, 1952-56, Marc Chagall
As noites!  Qué chorrera de vida en común son las noches.  Qué magníficos estados del alma, qué potencia hay en las miradas cómplices…  Hay noches que la pelota no se sale de la línea, y seguís luchando…  A mí me gustan ésas… Las hay sucias, amenas e intensas e intrigantes y variopintas, pídala como quiera.  Cada noche es diferente, aunque se repitan.  Las ceras son altas y bajitas, la luz es mínima o amarillo naranja.  Llegan, en la noche, toda clase de ebrios libres.  De piantaos sin problema.  Vos podés elegir entre sacarles lo que fuere posible sacar a un oscuro viandante las más veces ebrio o hechizado.  Si es que algo se les puede sacar, porque ya hemos tenido tiempo de comprobar que no siempre todas las personas tienen algo bello —por lo menos— qué decir, sea rico, gordo o lunático, sin excepción: hay mucho idiota debajo de las cobijas.  O irse directamente a la cama, a la mala ficción de los TV shows.  Tratar de dormir, o esperar a quel cuerpo pida el sueño.  Tantas noches, tantas elocuencias y desvaríos, bellos, a demás.  Las historias que nos hemos hecho tienen, casi por exclusividad, escenario nocturno, a veces nocherniego…  Siempre con los sentidos puestos activos a la manera de los radares.  Entregados al vicio de la risa; la risa es el objetivo final de toda actividad social, de toda experiencia conjunta, más si son dos no más.  El que no se ríe ofende.  Y yo he preferido, siempre, la risa sobre el descanso.  As noites!  Nos queda todo por decir en cuanto a la noche…

miércoles, 26 de marzo de 2014

Sobre deber —de deuda


“Harpócrates, váyase…
El silencio ya no necesita dios…”

Si había platos y el miedo menguó el apetito
Pido no sentir hambre después.
Lo ques mucho pedir.
Porque las ganas caen derramadas desde adentro.
Y el tiempo mengúa las aguas.
O las ensucia.
Y somos tan chiquitos.

'Marcella', 1910, Ernst Ludwig Kirchner 

Y pedimos tanto.
Y recibimos tan poco.
A pesar del reguero que se nos da…

Le debo a la vida olerla.
A las calles ignorarlas menos.
Le debo al poste una orinada
Y a las mangas revolcarme solo y acompañado.
Te debo soplos.
Nadie aprendió mejores caricias,
El viento está hecho de manos.

El tiempo nos es aún todavía.
Y no es redundacia decirse vivo.
Si encuentro lo que vi en su boca…
Si agarro el hilo desta historia…

Si mirás y veo…

lunes, 21 de octubre de 2013

El sofá de una casa que visito me lo sugirió.
Yo le hice caso y me lo pregunté:
qué soy, en estas vidas que vivo.
'Qué soy',
yo quempiezo a pensar en la sala del primo,
'una contradicción sentada en un sofá'.
Me quedé callado,
medio lamisquié la mano
donde el primo me había untao ambil.
Soy un travalenguas a mí mismo
y un travaojos a los demás.
No hablo por hablar,
aunque siempre tenga la bocabierta.
Se me han puesto en cada hombro,
a la vez, la luna y el sol,
uno en el derecho,
y otra en el siniestro.
Menternece hasta el pánico la miseria.
Llevo acunadas, desde que me brotó consciencia,
varias verdades que cuido como reciénacidos.
Ni se parecen porque son bastardas,
vienen de todos laos.
Me despierto uno
y he acostao tantos.

—Estás vivo —el primo me aconseja sin alarma,
 —eso es todo,
 no tenés más mal quése.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Mujer con nombre de dado


Y hay días, también, Manu, en que no somos dueños completos de la consciencia sino que, uno lo puede notar, una pinche voz, que, igual, viene de uno, empieza a jalar los hilos y todo en lo que uno piensa huele a la intención desa pinche voz.  Yo sé ques ella porque en todo veo alarma y desesperanza.  Primero el rojo, o el naranja, escandaloso como las líneas curvas del grito, luego llega el azul en tantos tonos, el azuláceo desconsuelo, lagriazul certeza del desinterés vital, el azulao seudonihilismo, Manu…  No es que deteste esos días.  La desesperanza va muy ligada de la lucidez —a mucha ciencia mucho sufrimiento, nos dijo el Eclesiastés.  La comprensión de las cosas de la vida se hace más amplia, pero las consecuencias…  Que no me hablen de condición humana… 
 

Uno desos días me di a cumplir con la tarea que me diste.  Yo no entiendo bien tu interés en los malos trazos de mis letras, cacofónicas además.  Yo sí quiero, nobstante, aceptar el reto que tu actitud me representa y te dejo, como quien busca una definición en un diccionario, la transcripción de mis páginas de cuaderno.  No nos queda sino esperar, Manu, que nos sirva de algo a los dos… a vos que te entretenga, que testimule, de manera creativa, ojalá poética, y a mí que me dé una fotografía textual de mí mismo, un estado hic et nunc del alma, una toma de temperatura, unactualización, exagerando.  La tarde que nos encontramos te hablé del enamoriscamiento, que llama Unamuno.  No te hablé mucho al respecto, porque no había mucho que compartite ahí en la calle.  Un enamoriscamiento es casi una idealización de bagatelas: una caída, risa común; un pliegue específico debajo del ojo izquierdo; un rasgo particular del comportamiento: la Maga era medio tonta y eso la hermoseó tanto.  Un enamoriscao, si escribe, será el relator de ficciones sentimentadas, Manu, y éste, mi repertorio dimaginaciones.

  1.   Las letras dirigidas.
  2.            No séscribir sino cartas.  Lo dije muchas veces antes.  Y una carta es, o significa, la necesidad de una persona por decirle algo, bajo ciertas condiciones, a una segunda persona —o segundas.  En el mío caso, D.D., las razones, motivos o condiciones bajo las que tescribo no representan, exclusivamente, el indiscutible encanto de tu personalidá, como decís vos sin temor a aceptar lo que es cierto, sino, también, un rasgo mío, tan particular como ton charme, y es minclinación al enamoriscamiento: soy más impresionable que la luz y he visto cosas bellas. 
  3.         …mujer con nombre de dado.  La última vez caminamos un poquito más.  Y hoy, ya, me da brega escribirte.  Aunque cada vez que suene Caetano, la canción bonita, el inconsciente me prenda en la pantalla la imagen tuya adentro: mentretengo enternecido, digamos que voy en el Metroplus y voime riendo.  Minteligencia emotivo-mnemotécnica lamenta tanto desencuentro.  Es tan grave el asunto que aunque haya peores casos dentro de las literaturas íntimas, eso no lo alcanza a consolar a uno, ja!  Pero los desencuentros son otra situación de particularísimos rasgos que pueden dar vida a letras como éstas, a un epistolario monológico, suedosentimentado, ególatra y malilustrado. 
  4.         Pero, D, yo veo algo.  Yo presiento algo.  Y me hago tantas preguntas.  Luego te las hago a vos.  Por face y por teléfono.  Por las ceras y las calles de la Beatífica.  No podría saber bien qué es.  ¿Qué naturaleza tendrá?, ¿bajo qué motivaciones actúa?  Pero hay algo entre lo que vos decís y yo escucho, algo que, por razones que desconozco, me lleva a estados saborosos del alma.  Es natural que me inquiete el hecho de gastar tanto recorrido de agujas escuchando la canción bonita, es decir, tanto tiempo imaginándote mientras la voz de Caetano, el rasgueo encajonao de su guitarra y el sentido de la letra, del texto, me llevan, irremediablemente a vos, al escalón que nos ha servido de silla donde Hermes.  Ahí tenés una forma única de mirarme, entonces yo me concentro en tu cara y hago apreciaciones epidermopoéticas, las guardo y las reproduzco luego.  Repito, no todo se debe a ti, porque peco de carácter hipersensible, pero hay mucho que sí…
  5.             Atardece y se encienden los alumbraos públicos.

    Dos personas caminan por las calles de un pueblo andino actual.  Las casas a los lados del camino pavimentado son impares y de factura disímil: ora ladrillo, tapia, ruina.  Trazos de campo abierto.  Van por las calles, las cunetas, jugando al equilibrismo funambulista, empujándose, jactándose destar vivos juntos esos minutos.  Hablan, caminan, paran, miran, no miran, se ríen —todo mientras continúan caminando.  Se detienen frente a una torre decimonónica, un edificio católico.  La fachada medio esconde a Francisco y a Clara, d’Asisi, ‘a tua santa’.  Parados, maliluminados; las gentes del barrio pasan y entran a sus casas.  Devuelven, entonces, el camino: collage visual de casas.  Eran pasadas las siete noche y había poca luz.  Caminaban y hablaban.  Ella encontró una ventana republicana de madera con el hombro derecho y tuvimos un cañoncito verde oscuro de noche para reírnos:

    —D., desfenestrada, fenetrofóbica… aunque son, en realidad, las ventanas las que te tienen miedo a ti —pensó: “Lo que, en definitiva, te habría que decir es que si hay alguna razón del corazón de tu parte… hacerla común a la cabeza en mi ventrículo izquierdo que arde de impaciencia de morirse por usté…

    señora…

    …de dilatarse y contraerse".
  6.           Lo fácil ques olvidarse de los que no sean uno, cierto?  Que lo digamos los dos, tan plácidos en sendos pedazos del mundo, el uno a la vez del otro, bajo la misma noche chorreada, oyendo las mismas goteras y el mismo ruido afuera, también, separados y quién diría que no juntos si nos une una misma lluvia.  Mestrené un cuaderno dejando dicho que te agarré el estómago.  Casi en una esquina.  Casi de repente.  Vos te sonreíste.  A. abrió la boca y me saludó.  Yo saqué la mano del pedacito que ocupa mi cuerpo, la puse sobre el pedacito que ocupa el tuyo, sin dejar de caminar, y cayó, en el momento justo dencontrarnos, cuerpo a cuerpo, sin parar, sobre tu estómago; ahí también sonreí yo, la mano se resbala, sale de tu espacio, regresa al mío y me toca a mí ya doblar la esquina y pensar, y devolverme en la cabeza e imaginarte pensar que te devolvés en la cabeza y me imaginás pensar…  Lo del olvido no es cierto del todo ―que digan mejor silencio.  Debía decir eso y debía decir que todo principio no es sino una continuación...

miércoles, 3 de julio de 2013

Oración de gratitú

«La motivación: un paire d'yeux.  Un día los definí como un lugar rico para estar, como una utopía, sólo queso no existe mas esos ojos sí.  Dije que mi esquife, el barquito de mi vida, desastrado, abandonado, se agarró a ellos y no naufragó.  Que había encontrado en un cuerpo pétit la luz de Youkalí, dos faros de luz perpleja que causan tal curiosidál que los percibe.  Y, sí... está bien... Youkalí tampoco existe... 
 —¡mas esos ojos sí!»






1. Las letras sentimentales.  


2. Dedícote mis pobres líneas inspiradas, mis desfiguraciones dignas de aquél que, en busca de consuelo al tedio, escriben el bus que lo cabalgabajo de Los Andes. Mis días a tu lao fueron más iluminados, en cuanto a lo que considero yo luz: el mundo de las posibilidades, lo nuevo y el mundo de los más altos afectos. Me fuiste un sol foto-diverso, un faro de luces pleomórficas, proteicas, de múltiples dulzores.  Gracias por el brillo, la inusualidá, el indiscutible reguero de belleza: el lago claritico del iris y la isla sola e hiperpresente de la pupila... el fuego, ques llamita, constante e intensificada, el aliento que te mueve: los brazos, la cabeza, párpados lengua y nariz; el corazón, la euforia, la melancolía. El fueguito pertinaz quevidencia uno en tu sensibilidá, curiosidá, tu capacidá natural de acción; ¡yo amo todo eso con locura sentimentada! ¡Gracias! Y ésta, voilà!, mi oración de gratitú...


3. No es, no podría ser, nunca, olvido. Muy poquitas cosas son realmente hermosas hermosas en las horas de la vida. Y no es ni melodrama. Es una manera de decir, simplemente, que entre esas poquitas cosas brillás con luz propia, luz particular, a demás. No es olvido, no podría ser… Te podría, por ejemplo, decir, en mi defensa, que estoy acostumbrado a la cáscara de nuez de la que soy rey, ja, mencierro en mi pedazo de espacio y sólo me acuerdo  de quexisto yo, y sólo cuando me da hambre. Salgo, a veces, a voluntá de ahí motivado por las palabras de alguna que me invita a caminar… Se apega la gente a su cascarón y a veces ni quiero sacar la cabeza, porque quién sabe… Quién sabe qué piensa el lechero, el fritanguero o el futbolista… Ja, eso sí es melodrama! Pero bue… 

4. Trasnochao, los párpados impotentes a la gravedá de una noche larga, circunloquios alrededor de un ‘je t'aime’, re adornarlo para que suene otra vez como el primero, nuncantes dicho; actualizar el significado de un sentimiento vivo aún, todavía, vivo a fuerza de dos, par duple de ojos que se rebotan luz enamorada, símbolo hecho manos… dos enredadas mientras la tercera descansa en otra pantorrilla y la cuarta... la cuarta aprieta, camina un costado, sube por las escalas de tus costillas, las del lao siniestro, el lao del corazón...

domingo, 5 de mayo de 2013


La Beatífica Flor
Mayo del Trece


Qué diría Petrarca, Laura, de vos.  De ti.  Yo no sé.  Quizás arrepentido de nunca besarte al menos la cara, qué decires…  Para sentirse triste y escribir bien: muy bien —cita—; yo, como sé escribir mal bien, desearía sí besar y escribir mal de cosas bien muy bien.  No sé no sé… cómo hay, a veces, impresiones muy ligeras que alcanzan a hechizarle a uno, por decir, el alma, al menos latención.  Cómo.  No se sabe… no sé… Entre las nubes de mi y tu cigarro, los guaros de la noche, los placeres privados, compartidos, y muchísimas palabras aquí y allá… me siento al final de la noche a memorar te.  A recrear te.  A te imaginar.  Te reconstruir, menos bella que lo que sos en lo real, pero algo es algo y bien sabés que se hace lo que se puede.  Habitasteste pedazo de pantalla blanca y aparecés al fondo riéndote, mostrándome la geografía particular de tus perlas a mascar.  Que prendés y prendés me un cigarro y yo inocente te miro.  Y pienso, con mi gramática enredada.  Y te miro y digo que hay tantas Lauras en la poesía.  Y vos preguntás que si las hay en la mía.  Y yo te digo que no tengo poesía; que preciso, ¡sólo!, de tres noches y garantizo lampsitos de belleza.  O que si querés le pregunto a dios, que Google lo sabe casi todo y te recito versos del siglo catorce.  Ella vuelve a mostrarme en detalle las líneas de su sonrisa y yo capturo y almaceno, enternecido levemente, entre la nube que nos unía a todos.  Ahora, como estoy, no logro entender bien, y me pregunto, ¿por qué detenerse en la noche a memorar te?  Como las respuestas a mis mismas preguntas suelen ser simples, muy simples, me tranquilizo diciéndome no worries, sos muy impresionable, y más cuando es la misma belleza...  Calma, ‘que no panda el cúnico’, todo está rait: has experimentado la belleza, es normal que sufrás la llama del empelicule, por no llamarle pasión, aunque lo sea; que ardás un poquito sólo pensando en Laura, y lo disfrutés, y lo recreés, y le dés vida en el tiempo a un hecho que, a vista de marrano, pasaría por simple, fútil y superfluo, anodino.  Pero quien es testigo de lo bello no puede sino pagarle tributo, como en ‘el perfume’ los que de hecho lo huelen: caen ante él, antel perfume.  Ese sería un ejemplo exagerao de mi caso, al menos por ahora.  Porque todavía calmo mi sentir con letras que ojalá leás, y thechicen como si el mismo Barba testuviera hablando, susurrao al oído, verdades horribles pero nunca horrísonas: siempre bien arregladas, apetitosas y apelativas.  Ojo con el mal, ja!  Ojo con el mal… 

Laura, te celebro y te recuerdo,


Un Gustavo de noche.
La noche del sábado 4 al cinco.

viernes, 1 de marzo de 2013

Adieu, mon amour...

'Separación' 1894, Munch
...mon bel amour, mon seul bel amour...  adieu, pardieu! Adieu...

No lo he querido creer, lo que has dicho todos estos días callada.  El silenciotórgale al sordo lo que yo no logro imaginarme todavía...  No lo he querido creer por mi constante, lausencia, vos sabés...  siempre divertido, la mirada en fijas distracciones, y a pesar de todo seria.  Me distraje como quien se defiende, como quien voltea al instante mismo de ver una cabeza sola desangrándose en una cera.  Te miro a la cara, te ausculto y deseo: pero no son para mí las flores.  Por eso me despido, yo no me conformo con verla, señora.  Enfilo el rostro a la cabeza sin cuerpo y mespanto y me obligo.  Mirá... ve... date cuenta... ya... no más... prolongá la esperanza, acortate horas de alegría... en la vida... mirá... seguí... así... no... mirá... dejá la vanidá a un lao... no confiés válida tu razón... solo mirá... y ya...  

Todavía no lo creo y, sin embargo, te riego mis adioses en el suelo, pa que los pisés o los recojás o sigás caminando sin ni siquiera somatizar una metáfora tan sencilla.  Tan poquitamente humana.  Tan uno... Adiós...  Mañana no será otro día...  Reciclemos ya las miscélaneas del recuerdo que consentímonos todavía...  está probado que no sirvieron para nada a ninguno de los dos, memoria inútil, que dicen, por su pasibidá e impotencia, musgo podrido en el inconsciente... fútil chéchere metafísico, basura... mayúscula basura que no solo estorba sino que hiede y duele.  ¡Qué nada de recuerdo!  Los días se suceden a pesar de no recordar qué forma exacta tiene tu nariz.  Se desvanece la huella tuya de la palma de mi otra mano... ¿insensible la palma?, ¿débil la huella?, la cuestión permanece sin solución aún...  No nos une ahora sino el adiós: adieu!, mon vieil amour, mon chèr amour ennuyant...


martes, 1 de enero de 2013

Dibujar escribir leer —texto, imagen, música, imagen en moviemiento. Luego darle un lugar en la vida al dibujo, al texto y aplicar los aparatos de lectura a la vida misma. Aprender a leer la vida. Dejar, también, evidencia de haber hecho una lectura viva de la vida. Cada cual elije cómo darle uso a las horas que le fueron dadas vivir, horas que son cada minuto menos. Cada uno se decanta gradualmente y es aquí donde radica la seudo singularidá de las personas. Algunos, concientes del derecho que tienen delegir, la decisión, inclinándose a la esfera estética —más que artística— de la vida humana, danse gusto y látigo, no necesariamente al unísono; más bien, como los despechados que tardan en olvidar la dueña de los senos 'diecinueve días y quinientas noches'. Aunquelátigo no leses exclusivo. Sufre, igual, el ganadero cuya vaca da machos y no hembras, —pa' salchichón! Sufrel ingeniero que no fuescogido en la gestión de un proyecto civil bien financiado. Hasta sufrel niño y, como sabel poeta, su dolor es más insoportablen la medida ques puro para el niño lo que causa ese dolor. A sabiendas questo nos es a todos una condición, ¿no querré yo elegir mi cuita? Como remedio propongo escenas de hombres de antaño, digo, prohombres en genio, ques decir hipervirtú, sensibilidá, experiencia de vida biográfica y mística, las más de las veces. Tendrél testimonio dellos, como consuelo, como oscura brújula en el desierto frío de las relaciones del hombre

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un punto de vista



La vida es todo lo contrario al ideal. La imagen que teníamos de nosotros cuando fuéramos grandes, todavía niños, nos sirvió solo para asegurarnos nunca llegar a eso, nunca. La vida es una mierda y a veces un campo abierto en cosecha de delicias, depende del cristal con el que miras, que dice Bunbury en No fue bueno pero fue lo mejor. Es bueno ser consciente de ambos hechos porque, siguiendo a Cioran, si no fuera por la posibilidad del suicidio yo ya me habría matado, también piensa uno que hay unos minutos que hacen valer la vida, cierto... Pensá, por ejemplo, en la primera vez que le tocaste las tetas a Lori... ahí sí había vida  estallándose adentro de vos... contra las nalgas desta polla, ¿valía, ahí, la pena vivir? Yo creo que sí. Ahora... sabemos questamos mal... pero digamos también que no hay un manual de instrucciones práctico con la fórmula unívoca de cómo bien vivir, cierto... estamos abandonados en este charco, a oscuras, sin más lazarillo que la plata que podás conseguir; lo más terrible es tener que continuar el viajecito undívago, como decía Barba, sin ganas... sin razones o motivos dignos... sin consuelo... Y, sin embargo, a pesar desos pesares, querido, es una ganancia estar vivos. El método es la simpleza. El objetivo, recuperar lalegría de la vida, 'la joie de vivre'... nada nada fácil, por eso objetivo... La meta es convertirse en un 'bon viveur'... buscando, quizás, un bel morir. Calma y reflexión te recomiendo... luego acción, que sea el fruto de haber pensado. Un abrazo y fuerza y grandeza...

Itinerario de un fragmento de un día


Salí al camino después de trabajar seis horas en el bistró. Básicamente a caminar. Quería verme una película que se jactaba destrenar una nueva manera de hacer cine, más imágenes por segundo. Tenía que comprobar la novedá. Lo nuevo me llama latención especialmente, por obvias razones. Sequivoca quien define el esnobismo como unafectación por lo nuevo. Se podría casi decir que la materia del esnobista está tan gastada… tan abusada que lo nuevo fue hace mucho rato ya… Lo nuevo es, digamos, una inauguración. Drexler, por ejemplo, inauguró las canciones líquidas. Y hoy, aparentemente avanzado el tiempo, salir con algo novedoso puede que sea una gesta digna de ladmiración humana… No que sirva mucho ser digno, pero… Y además lo nuevo no es sino un olvido y nada más queso.
Salíle al camino con mis músicas a cuestas, despistado y friolento, de cara abierta al viento helado y a los carros ‘hora pico’, árboles iluminados a los lados del bulevar envueltos en redes de bombillitos que se continuaban en cada tronco de la Commonwelath. Al comienzo de la calle, me acordé, hay una estatua de Sarmiento… la particularísima Latinoamérica decimonónica presente en las calles de Back Bay. ...redes regadas en cada tronco, bulevar a media luz, ciudad setentrional de gentes diferentes… Pensé en los veinte niños muertos la mañananterior, que vi en los noticieros y en periódicos quencontrén el bistró. No me daba tristeza sino duda y quería, entonces, sentarme a leer mal pensando en el policía encargado devacuar el resto de los niños diciéndoles, al cruzar entre los cadáveres –itos, que se taparan los ojos para no ver la sangre, decía el periódico. Se me salió una pregunta al artículo del Globe y, llevando unos platos al dishwasher quizás dije cantando o mascullando friccionando los labios que ‘¿qué pasaría si uno de los niños se tropieza con uno de los cadáveres esparcidos por el azar de las pistolas, o se choca contra una mesa regada y para corregir el camino debe abrir los ojos y ver?’.
Las canciones quescuchaba eran del álbum del dosmilcinco 'En casa'. El autor era un cubano entregado al exilio en París. Una colección de doce canciones cuyo tema era la nostalgia, ora saudosa, ora jovial, ora talámica y nunca vulgar. Los sones afectados de un sensible me recordaban mi propia condición y, pasando árboles iluminados, esquivando, a veces a gran riesgo, taxis, sedans... me regaba en lágrimas unas cuantas cuadras, cántandole Raul Paz a cualquiera, bajando la cabeza al cruzarme con gentenrollada en ropa, dejándoles ver, a veces, el reflejo de las lámparas en mis cachetes mojados, ruborizados y buriel. Lloré, por ejemplo, con ‘Azul’. La conclusión que, primero, me sorprendió y, luego, mestremeció ―más por frío que por otra cosa pero mestremecí― aclaraba que no todo erazul… sí, sea, las caricias vuélvense azules con el tiempo, sí, las noticias son azules cuando no escarlata, sí, los días son de todos los colores pero a mí no me dieron sino azúleos y azulados… todo erazul menos los ojos della, “contradicción”, eran marrón. Los ojos della no eran azules como mis caminadas por la Commonwealth o los dólares verdes que recojo cada noche antes de registrar mi salida del bistró. Los ojos della eran de color noche abundante, prometedora, pletórica y hechizada. Los ojos della eran de color café por la mañana… yo asentíame a mí mismo y a Paz sin secarme la primera gota que volvíose luego línea brillante dividiéndome la mitad derecha de la cara… Me acercaba al Jardín público donde, hace dos noches, filosofé mayestático y mariguano con un colega de Bélice que recordaba frases ricas de Schopenhauer y sólo por estas citas me permito decir que filosofé: lo más cierto es que hablé a lengua suelta y loca y mie detrás de placas de cemento rugoso ―y sino mie el mausoleo de Benjamín Franklin fue porquel cementerio Granadin a las tres de la mañana ya estaba cerrado, pero yo no sabía…
Crucé el jardín de sudoeste a sudeste y me metí a un café… Maleí y leí bien a Bolaño… Lo que sucede cuando le abro un libro a este tipo es que me dan ganas de aprender lo quél supo… porque Bukowski la pasó lindo pero dejó una obra fea, puede que interesante y original y, para algunos vergas muerta, atractiva, pero Bolaño sí dejó monumentos narrativos de un nivel estético y técnico alto y de aportes filosófico y lingüístico y literario e histórico e irónico… Lo leo, me dan ganas de hacer lo quél y digo que no por argucias que me sé de memoria: que por esto que por no haber leído lo quél, por no haber cogido lo quél, por no tener una quinceava parte del genio narrativo queste hijueputa. Pero igual escribo porquescribir no es algo que haga por querer… ni siquiera por saber… es, simplemente, una orden subconsciente que recibo y performo con algún ingenio… escribir mes una condición y ya... El problema del hombre es tener que orinar. Tuve que buscar salida y luego no pude volver a concentrarme en Bolaño, además del deseo de tabaco que me da cuando interrumpo lo que venía haciendo. El macchiato, questácabándoseme, también quiere salir ya… ―Is there a…?, qué ganas de un Camel unfiltered… qué rica está esa muchacha… Todo lo que falta pa la película…

viernes, 7 de diciembre de 2012

Sobre el devenir de una play-list.

Hubo una vez un texto —embolatado en féisbuc— donde Jostaf, nada parecido a Olafo, se burlaba de un costeño chiquito cuando éste le recriminaba vallenatico, no joda.  Jostaf simplemente le recordó quen la Beatífica ya había mucho bar pa seudocosteños y todos nos reímos y la noche siguió como han seguido todas estas otras.  Un año después el Pancis nos lo recordó y ahora suena en el bar; el Pancis no da ni rabia.  ¿Dónde vivirá, ya, el costeñito pa volverlo a invitar?  El proceso musical de Bucósqui ha sido lento.  La propuesta inicial consistía en una selección de músicas del mundo, bajo la batuta de lo que llaman rock en español —una mezcla inconciliable de circunstancias variopintísimas unidas, solo, por el hecho de ser canciones interpretadas en la misma lengua y, casi, en el mismo período.    Habría, también, que decir que nunca negamos las nuestras tradiciones.  El argumento se intensifica cuando queda claro que Bucósqui, por escuela, hereda colores de El mojicón, la cantina de Julio Aníbal, un otro querido.  Escuchamos con atención tango y bolero y son y salsa y latin jazz y bosa... y, con la persiana estirada, la chanson française.  Ska... cumbia... blues...  La propuesta inicial progresivamente fue mudando, mientras se despintaban las mesas, mientras se pasó todo este rato.  El espacio, naturalmente, se actualizó como se actualiza la españoleta del antivirus, como un smart phone.  Desde la distancia digo... que pongan todo lo questé bien hecho y quieran escuchar.  Si luego hay que plantear la discusión del reggaetón, pa eso está Calle trece.  Se dice... se dice... pues que digan, que se diga, ¿sí o no?  Chico Buarque les constestaría cantando que 'a pesar de você amanhã há de ser outro dia'.  Bucósqui sigue enrollando la persiana —la imagen de la puerta abierta no ajusta bien del todo— dando paso adentro; entren, háganse un trago, pregunten cuál es esa canción, ensayen, jugando, una respuesta a ésa con otra canción, acérquesele a cualquiera, diga sí, no... No importa tanto lo que diga ahí, sino lo que va decir enseguida... ya tendrá tiempo de salir con algo.  Hable, gánese siquiera una historia nueva esta noche.  No arrugue tanto el entrecejo, mire que no todos los días, en la Beatífica, se aniquila un prejuicio...



martes, 13 de marzo de 2012

Cher P., luisfílico,

Je m’acusse!



De no haber, todavía, llegado a vuestra y sólo vuestra mayoría dedad. Soy digno, entonces, como dicen pragmáticamente las miradas y los adioses, de lástima y cristiana conmiseración: pauvre!, unfulfilled!, dicen los hombres de mundo: pauvre!
―Mea culpa, mas: ‘no hallar deleite en las llagas prójimas, sí en la peculiar forma de curarlas’, lo único que puedo decir no en mi contra. A demás, sin ánimo de justificar terribles hábitos, que son una forma sui generis de decisión, ¿importa tanto en qué estado del camino uno o aquél esté? Todos dicen sí y tienen razón, una verdadera, mas ¿fue mala, acaso, la comprensión de la vida infante? Porque aún nada habíamos instalado, ¿se comprendía menos esas experiencias?, ‘pueril neófito sin estrenar en la vida’, en las tablillas sacras del conocimiento pagano, en el pensamiento sistemático, sistemat-iz-ado, ¡so solecista!

Y, P., mi querido Francesillo, con una dignidad espúrea, peor que truhán converso en la corte de Carlos V, me remito a vos, que sos discreto y que sos querido, querido y odiado, en un plano ficcionalizado, ques decir casi metafóricamente. No creás ni la ironía, ques un tono del alma, inscrita, ¡pobre!, a la vida viva; en mi caso, parece, es el alma de una enfermedad por omisión. Mas, mi ponderado P., ¿qué hacer?, ses lo que ses… La única transformación que puedo sufrir es cognitiva. La solución de mi vida requiere más que conocimiento. Entonces qué, ¿qué más aparte de todo leer? Un maestro responde preguntas…Puede que apeste a falsa dignidad, que Bierce dice es la pereza, pero, querido, cada ritmo leses propio a sendos árboles, cualquier estado en la cocción de un yacón vale la pena gustar. Unos llegan, otros no. La mayoría dedad puede considerarse como otra de las demás condiciones en el repertorio de las posibilidades que, ciertamente, no le escasean al hombre, incluso en las montañas altas, lo que algunos no creen.

Mexcuso por mis impertinentes maneras de comunicar un testimonio, uno entre otros, verdaderamente mejor mejor facturados, realizados, importados. Mexcuso a mí y a mi impulso incompleto que causan tedio e insatisfacción, pardon! No prometo, tampoco, sino recordar esto. Asegurar progreso sí constituiría un insolente solecismo contra las leyes de la buena conducta humana, más específico, contra la hija puta de Hegel ―y los datrás y los dadelante―, la venerable, enjabonada, megalocuente, omnímoda, augusta Academia. Yo, por omisión, digo, no he llegado a Alfonso Reyes, a muchos alemanes y africanos quescriben, hoy, en castellano. Me faltan ellos, que me haría un ‘literato novato’ y muchas otras tradiciones tan interesantes como ustedes. Me acuerdo de un viejo vivo que conocí en una calle del Sur. Muy lunfardo el tipo. Fuel único personaje involucrado con libros que no me reprochó la gran cantidad de ítems sin tachar en mi lista de lecturas que apropiar, casi nunca que apreciar.
―¿No te has leído…?
―No, nada.
―¡No sabés el potencial que sos! ―me dijo, casi dialectal―. Yo no puedo reírme, otra vez, por primera vez.

A mí esas cosas me dan risa y me reí. Es de los que dirían conocí en la cárcel tipos con más estilo quen la universidad, enfermo de cultivar el ensayo bajo las banderas de la sociología, entendible… Se dedicó, entonces, a las mujeres, dándole la espalda a la más venerable dellas.
―Yo todavía no quiero el Quijote ―le respondí, cuando me sirvió tinto.
―Y… podés tener razón.
Resultó que la tuve porque, como todo, el Quijote pasó cuando pasó, cuando tuvo que ser, no importó mucho si antes o después. Como dirían los taxistas gringos en las pelis de W. Allen:

―“You know, it’s like anything else.

domingo, 4 de marzo de 2012

Cita traducida —y traicionada, of course.


Tomada de "Crimes and Misdemeanors", otra de Woody A., del '89, el mismo año de lentrevista que le hace Godard. El narrador es un judío sabio y augusto, a juzgar por la cabeza-alba, profesor que en medio de la película se suicida, y habla tan lindo de todo. Los que así lo prefieran, no la vean, puede que con leer la cita baste, lamentando la pérdida e, inmediatamente, cambiando la página, chispeando otro click. Me gustan las voces sabihondas y artificialmente afectadas.


If you want a happy ending, go see a Hollywood movie.
“We are all faced throughout life with agonizing decisions, moral choices. Some are on a grand scale, most of these choices are on a lesser point. But we define ourselves by the choices we have made. We are, in fact, the sum total of our choices. Events unfold so unpredictably, so unfairly: human happiness does not seem to have been included in the design of creation. It is only we, with our capacity to love, that give meaning to the indifferent universe. And yet, most human beings seem to have ability to keep trying, and even to find joy from simple things like, the family, the work, and from the hope that future generations might understand more.”
―Professor Levy
Si usted quiere ver un final feliz, vaya véase una película de Hollywood, querida.
“Todos, durante la vida, enfrentamos decisiones angustiosas, decisiones morales, algunas a gran escala, las más a menor. Sin embargo, por medio de las decisiones que hemos tomado, nos hemos ido definiendo a nosotros mismos. De hecho, somos la suma total de nuestra decisiones. Los hechos se desarrollan tan impredeciblemente, tan injustamente: parecería que la felicidad no hubiera sido incluida en el diseño de la creación. En realidad, somos nosotros, y sólo nosotros, con nuestra capacidad de amar, los que le damos significado a un universo que menos no le podría importar. Es que, casi todo el mundo parece tener lhabilidad de seguir intentando e, inclusive, dencontrar alegría, gracia, en pequeñas cosas como la familia, el trabajo”, y las demás simples cosas que, todavía, nos permitimos tener.  Algunos se aferran a ellas como a casco de Titanic post-ice-berg.  Continúa el judío:
―Y lhabilidá, también, dencontrar júbilo: en ‘la esperanza de que las gentes de futuras generaciones puedan entender más’...
―Profesor Levy


martes, 21 de febrero de 2012

"Alrededor de Borges está El Zhair, (sic)",...


…un texto cuasi científico donde traeríamos a Borges para analizar, dentro de las situaciones de su cuento, tres conceptos que son la obsesión, el olvido y, posteriormente, la locura. ‘¿Por quésos tres?’, puede preguntar Fernando, entonces le diríamos:

―Precisamente por las situaciones, Fernando.




I.

Borges, en El zahir, es cautivo de una moneda y, al momento de contárnoslo, se sabe untao del mal que representa la moneda que lo llevará, uno que otro día, al abismo que unos llaman locura pero él, Borges, sí sabe lo que es. Es importante destacar en qué estado del tiempo está el narrador con relación a lo narrado: en el penúltimo párrafo del cuento bien nos dice que para antes de 1948 ―estamos en los ´30 todavía― no sabré quien fue Borges, como aquél que se dio cuenta de que sestaba enloqueciendo. Y en el primer párrafo, que nos introduce a la trama por medio de una primera confesión, “no soy el quera entonces pero aún me es dado recordar”. Declarado el carácter analéptico de la narración: ocurrió en el pasado, pero un pasado no concluido, aún, al fin de cuentas, sigue vivo. Digámoslo de una vez ―pequeña disgresión―, Borges es a El zahir si bien autor, también personaje y, a demás, narrador. El narrador y el personaje son la misma carne. El narrador nos quiere contar una historia de la locura, bien contada, él mismo es el futuro loco que todavía no lo es. Aún, siquiera parcialmente, dice, soy Borges.

Y nadie dudaría ques el mismo Borges también el personaje: ¿qué tipo de persona suele verse padeciendo una obsesión cuyo objeto es una moneda corriente que, para el obseso, represéntale “un repertorio de futuros posibles”? ¿Quién ve en la moneda con que se compra un cigarrillo el óbolo del Caronte? ¡Borges!, ¿quién más? Hace falta la imaginería erudita y universal y compleja del argénteo para que pase por verosímil una tal obsesión. Ejemplo sea el texto del alemán Barlach que Borges encontró en una librería y citó por estar en él la explicación del mal que lo corroía. Era la divulgación histórica universal del Zahir. Después de leerlo, dice, ya sabía que nada lo podría salvar.

El azar le pone al personaje el Zahir en el camino cuando se consolaba éste de otra muerte, la de la mujer amada, ampliamente relatada antes. Pobre cuando confiesa que "movido por la más sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo", senamoró de la judía "y que su muerte me afectó hasta las lágrimas". El lector pensaría el zahir como un paliativo al dolor de experimentar el recuerdo de Teodelina Villar perfeccionando su desdén por la muerte, un olvido anhelado que, sin saberlo, se convirtiría en peor martirio: el zahir, para los pueblos árabes, dice el alemán Barlach, significa eso que “tiene la terrible virtud de ser inolvidable”, indeleble, “y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente”. El Zahir toma a Borges enlutado, caminando de noche en Buenos Aires, cursi dándole a la pena del puerto, en un barcito que le parecía vulgar, y ahí mismo le dio fiebre. ¿Por qué? Y efectivamente, no valió ni esnobismo sincero, se lo tragó el Zahir y más nunca volvió acordase de su Teodelina. Todo fue, incluso inicialmente lo recibe, el Zahir: tenerlo, tenerlo que perder, recordarlo, no recordarlo, tratar de olvidarlo, jactarse de haberlo olvidado recordándolo, al Zahir, perdido y nunca abandonado, reproducido, recreado, descifrado, agotado.

Y si bien el personaje olvidó a Teodelina, quien lo encuitara y cuyo olvido lo proporcionó el zahir, podría decirse, precisamente a causa desto que, hablando de El zahir, locura y olvido se habrán convertido en lo mismo, dada la premonición de Borges de no poder recordar, en algún por venir, otra cosa quel zahir, su única realidad futura; esto como primera conclusión.

viernes, 17 de febrero de 2012

Bolívar, el personaje y la literatura...


La elección del general como personaje tiene ventajas varias para el autor de novelas. Digamos, por ejemplo, la grandilocuencia de su peso en la memoria de noso mundo: su gloria militar ques par de lareté de los grandes griegos. Su indiscutible ídolo dentro de la idea y producto de nación que somos. Pensemos, también, en la presencia paralela directa de la historiografía libertadora cuánta no movida por las cuerdas de su acción. Y la presencia, a la vez, de la información no tan veraz como imaginativa, el vozavoz andino de sus hazañas que, a veces, volvióse, quizá más que las Historias, la verdad verdad. Un personaje a caballo entre cualquier posible extremo.
La posibilidad de hacer de Bolívar un buen personaje depende, solo, del genio artesano de un buen escritor. La peculiaridad deste general, por ejemplo, hiede al genio del Márquez, pa mí, conservando el equilibrio, por supuesto: pas de passions! El general está, entonces, vuelto un esqueleto en caída, sin lograr articularse en freno pa parar. La decadencia del militar que, dice Pablo, le admiró García M. a M. Faulkner como también, dice Memo, su Sur. Razones éstas que motivan chistes de salón: a propósito de curiosidades bibliográficas del estudioso de la literatura, la grandeza de M. Faulkner se manifiesta en el hecho de haber recibido, por dos ocasiones, el mayor premio de las letras: la primera en el '49 y la segunda, póstuma, en el '82. Un guerrero mítico caído en la desgracia a causa del azar de la guerra; entonces lidiaba con la peor de sus desgracias: el desprecio de su pueblo. La enfermedad le había cobrado caro. Una tos pertinaz lexpectoraba las víceras, a demás de las fiebres vertiginosas en noches de desvarío, las veces convulsión...
—Lo bueno fue ayer, dijo y pudo haber dicho el general, de cara a la seda de la funda de la almohada.
Lo que jode es saberse desilusionados. El verdadero padre, en el sentido político más actual, destas anchas y varias tierras ajenas tuvo como último propósito, antes de morir, huir de aquí, donde el tiempo locupó practicando su heroísmo, para nada. Después de múltiples lustros duros fríos frugales, entregado a la causa, no logró nada que resultara a salvo, luego, de la inminente destrucción que le sobreviene a todo lo que toca el caos. El general de García Márquez se ocupa de la última labor, como el cisne grazna, de emprender el viaje de regreso a la nada, un "mayo de rosas ineluctables".

lunes, 19 de diciembre de 2011

Homenagem.

"Escribir cosas que no se saben aún es un ejercicio funambulista, en el decir franchute: si uno se inclina un poco a cualquier lado podría caer, igual, al piso, ensuciando la prosa, dando vida innecesariamente."




Odalisque,


es, lo verás, insólito mi mensaje. Porque, en mi caso, otros se hubieran desbordado al primer instante. No se hubieran amarrado las manos. Ni escatimarían rincón del cuello que ponerle besos. Y, aunque una noche te los puse con la boca y los quité con la nariz, aunque encontré carne roja llenándote los labios, hoy no te puedo recordar. Y, después de llevarte de la boca a la calle, despidiéndote y cerrando la puerta tras de mí, me vi en la cara contorsión de risa, ni tan fija, quizás mendaz. Y me satisfacía, cerrando los ojos. Desas noches... quhemos ido perdiendo...

jueves, 8 de diciembre de 2011

A ver, querido, no es que sea justificación, lo que alegás cada vez que escribo. Pero el maestro ha dicho que ya no hay géneros, que no sescribe ya novela o cuento o poesía, que todo es escritura y con eso basta. No hay que responder más preguntas que la-de-la expresión. Y ya. Igual todos mantienen como unas ganitas de que la demás gente sepa que vivió, valga o no la pena saberlo. Mirá las cartas del papá, del setenta, guardadas en el cajón. Mirá los muchachos haciéndole músicas al tedio. Vila no hace sino crear, parece desesperado. Y yo, por ejemplo, paso horas en minútil correspondencia, divirtiéndome, haciéndole huecos a la pared de tierra contra la que discurrimos parados. Nada digno, tampoco. Y aun así, cuántas ínfulas me ha permitido darme, elocuente de noches... Estoy seguro, incluso, de haber registrado alguna verdad inédita, o, al menos, de haberle actualizado espíritu. Y no soy cuentista. Mucho menos novelista cuando no hay lomo pal'aparejo. Soy, por definición ajena, un "auto-expresionista", sabrán si a mi pesar, cuyo lema es "no soy capaz" y duerme demasiado. Mas se va viviendo. De pie en los tiempos cuestabajo del posmoderno, donde el valor se lextinguió en proceso inverso al brote. Y ninguno tiene idea de cómo es que sigue uno vivo. Tampoco necesitan saberlo, es cierto. Creador, crea, dicen; nunca dijeron cómo. Aquí pongo mi grano, en mi propio molde ques malo pero es propio. Aquí me he de ubicar en la historia, catorce lustros luego.